México, D.F. .- El legado de María Sabina (1894-1985), la "sacerdotisa de los hongos" mexicana que atrajo a figuras como los Rolling Stones, pervive en la sierra de Oaxaca, en el sur de México, donde los turistas aún acuden en busca del viaje espiritual que proporcionan las setas "mágicas".
En Huautla de Jiménez, donde vivió la curandera, los visitantes son recibidos cuando se bajan del autobús por chicos que se ofrecen para ayudarles a encontrar hongos alucinógenos, aseguró a Efe el biógrafo de Sabina, Juan García Carrera (1964).

La "sacerdotisa de los hongos" popularizó en los años 60 este rincón a medio camino entre Ciudad de México y Oaxaca capital, a donde se acercaron artistas como los Rolling Stones, los Beatles, Jim Morrison y Bob Dylan, en plena explosión hippie.

Hoy, Huautla es una ciudad de alrededor de 25.000 personas, de las cuales el 70 por ciento son indígenas mazatecas, como María Sabina.

"Antes nos conocíamos todos", explicó García Carrera, quien permaneció junto a la curandera los cinco últimos años de su vida, ejerciendo de traductor al español y ayudándola a cobrar a la gente lo que le prometían por su ayuda.

García posee un amplio archivo fotográfico de la anciana que prevé publicar el próximo viernes en el Café el Tintanismo, en la delegación Azcapotzalco de la capital mexicana.

La humilde casa de adobe de Sabina está manejada por uno de sus nietos, que cobra a los turistas unos 200 pesos (cera de 18,3 dólares) por ver la morada de la "mujer espíritu".

"Vivía de puros recuerdos", señaló García sobre el estado de abandono y miseria en el que falleció la curandera, ignorada por todos, a pesar de que todo el pueblo se benefició de su fama: había incluso un hotel con su nombre y se filmó una película sobre ella.

Los taxis llevan la leyenda de "María Sabina", se venden camisetas con su imagen y los turistas siguen buscando los "hongos mágicos" que hicieron a los Rolling Stones "sentirse sumidos en un pantano", apuntó.

Cuando más visitas recibe el lugar es en los meses de verano -junio, julio y agosto- ya que es entonces cuando brotan los hongos.

La curandera, católica ferviente, quería haber donado su casa a la Iglesia, pero las disputas familiares de sus hijos y nietos lo impidieron.

García explicó que aunque se desentendieron de sus cuidados y eran en su mayoría "alcohólicos", él se llevaba bien con los familiares de Sabina porque les distribuía los réditos de la labor de la anciana.

A pesar de que su fama saltó fuera de las fronteras mexicanas, la "mujer espíritu" sobrevivía de pequeños negocios como la reventa de leña, ya que no tenía vocación comercial para su talento y no era consciente del valor del dinero.

Sabina descubrió los hongos a los siete años de edad, cuando fue a desenredar la cuerda de una cabra que había quedado atrapada y ahí tuvo su primera experiencia con ellos.

Pero no se convirtió en chamán hasta los 40 años, tras montar un potro blanco que la desafió a que lo hiciera, una experiencia que supuso su entrada al mundo espiritual, narró García.

A quien primero curó fue a su hermana; después, el rumor se fue extendiendo y atrajo a un banquero estadounidense hasta la recóndita Huautla.

El forastero tomó los hongos sagrados con ella y publicó un libro que extendería la fama de la "sacerdotisa".

Corrían los años 60 y al lugar empezaron a llegar turistas, hippies y curiosos que habían oído hablar de la indígena mazateca que conducía ceremonias espirituales, a veces hasta para 30 personas, universitarios en su mayoría.

"Mucha gente se aprovechó de ella, pues ni sabía firmar ni sabía leer", lamentó su último acompañante, testigo de su muerte solitaria en una cama de hospital, aquejada de cirrosis y bronconeumonía, entre otros males.

Durante sus últimos años, Sabina sólo "bendecía a los hongos y se iba a dormir, ya no aguantaba conducir una ceremonia de cinco o seis horas", explicó García, a quien la mujer guió también con los alucinógenos.

Autor de una biografía de la curandera y de varios libros sobre chamanismo, el "defensor" de la "mujer espíritu" afirma que mucha gente llora todavía al leer la vida de Sabina, que transcurrió de principio a fin en la miseria, pese a su fama y al negocio turístico que generó.