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Han pasado tres meses y medio desde que Juan "Santuario" dejó de usar su verdadero apellido y se mudó de su propia casa con sus dos hijas pequeñas a quienes adora, y el negocio que opera, para vivir en un atiborrado cuarto en el segundo piso de una iglesia luterana en el norte de Hollywood, un vecindario suburbano en Los Angeles.
Algunas semanas pasan lentamente, el inmigrante ilegal de 38 años de edad de Guatemala trata de mantenerse ocupado leyendo la Biblia, limpiando y haciendo trabajos duros dentro de las rejas de la iglesia. Otras semanas, aparece una consistente corriente de multitudes con cámara y reporteros, ansiosos de descubrir cómo la está pasando en su exilio autoimpuesto.

Esta ha sido una de las semanas ocupadas. El domingo 19 de agosto, Elvira Arellano, una inmigrante ilegal quien el año pasado fue escondida en una iglesia de Chicago, fue arrestada y subsecuentemente deportada a su nativo México después de viajar a Los Angeles y asistir a varios discursos.

Como Arellano, Juan es uno de los 22 ilegales escogidos cuidadosamente, viviendo en los terrenos de varias iglesias como parte de lo que ha sido llamado Nuevo Movimiento Santuario. Es un grupo vetado por un equipo de abogados trabajando con las congregaciones religiosas involucradas en el movimiento, el cual varía desde católicos romanos hasta judíos o menonitas.

Atienden a los estimados 12 millones de extranjeros ilegales que ahora viven en Estados Unidos. Ya sea que se les hayan vencido sus visas o que nunca hayan tenido una en primera instancia. Son hombres y mujeres con historias de trabajo uniformes, quienes pagan impuestos y son padres de hijos nacidos en Estados Unidos -un perfil diseñado para ayudar a mitigar el hecho de que cada uno ha violado la ley de varias maneras para establecer sus vidas en Estados Unidos, incluyendo usar números falsos de seguridad social. Y como Arellano, ellos ahora enfrentan el prospecto de la deportación inmediata.

Para los simpatizantes del movimiento, el arresto es un tipo de bendición. En los días desde que las autoridades migratorias escoltaron a Arellano a través de la frontera a Tijuana, ellos han organizado manifestaciones y conferencias de prensa en relación con la mujer a la que ellos llaman "una mártir por la causa". Una "marcha de unidad" para demandar su regreso a Estados Unidos está planeada en Los Angeles este fin de semana. Los líderes de los derechos del inmigrante anunciaron una campaña de tres semanas de vigilia y de grupos de presión para el regreso de Arellano, con más protestas programadas para el próximo mes.

Juan, por su parte, tiene una expresión valiente en su cara. "Esto me da valor para seguir adelante", dice, agregando que su resolución para permanecer escondido es más fuerte esta semana que la pasada. Desde el arresto, nadie en Santuario ha dejado la protección de la Iglesia, aunque los organizadores conceden que mientras pasan los meses, eso podría cambiar. "Algunos activistas inmigrantes sienten que el arresto fue un retroceso, y no los están dejando ir", dice Grace Dryness, quien estudia el Movimiento Santuario en el Centro para la Cultura Cívica y Religiosa en la Universidad del Sur de California.

"El arresto ha movilizado a la gente. Más personas declaran que ellos están dispuestos a entraral Movimiento Santuario, especialmente si hay más manifestaciones de inmigrantes. Si es que tiene un impacto en la política, yo pienso que mucho puede depender de la elección presidencial en 2008 y cuántos votos quieren los candidatos de los inmigrantes".

Publicidad es el apoyo

El Movimiento Santuario es esencialmente no más que una campaña demandando publicidad. El esfuerzo tiene sus raíces en la década de 1980, cuando las iglesias tomaron a inmigrantes ilegales para que vinieran a Estados Unidos y así escapar de las guerras en Centroamérica, ganando así una reforma significativa en las políticas de inmigración. Muchos inmigrantes ilegales ahora en Estados Unidos apoyan políticas menos restrictivas, desacreditando el hecho de que las actuales leyes permiten que los padres sean deportados a sus países de origen, separándolos de sus hijos nacidos en Estados Unidos, y dejando un gran número de familias desintegradas.

El Movimiento Santuario espera atraer la atención a sus protestas, de esas políticas, a través de publicar que los ilegales viven en iglesias -donde supuestamente ellos están seguros del largo brazo de la ley. Los grupos antiinmigrantes ilegales y el Gobierno no son tan sentimentales. A través de burlar la ley estadounidense, incluyendo el uso de números falsos de Seguridad Social para obtener trabajo, Arellano es una "delincuente fugitiva", dice Jim Hays, director de Inmigración y Ejecución de Aduanas de Estados Unidos en la oficina de campo en Los Angeles -ICE, por sus siglas en inglés-, agregando que el arresto de ella fue con la intención de enviar "un mensaje a los delincuentes ilegales extranjeros que están fugitivos, que vamos a continuar tratando de localizarlos". (Nadie en ICE ha descartado definitivamente efectuar arrestos en los terrenos de las iglesias, aunque esto todavía no ha pasado).

Los líderes del movimiento ven el arresto de Arellano como si se estuvieran llevando a una del equipo. Habiendo vivido en terrenos de la iglesia durante un año, la madre soltera de 32 años temía que la reforma de inmigración hubiera abandonado la agenda política del país. El fracaso en junio de un proyecto de ley al Senado de Estados Unidos que les hubiera dado a los indocumentados visas provisionales, congeló el asunto, probablemente hasta 2009.

A través de hacer que el tema regresara a los encabezados, el arresto "es algo bueno para nosotros", dice César Arroyo, pastor de la Iglesia Luterana de San Pablo, donde ahora vive Juan. El padre Richard Zanotti, de Nuestra Señora del Santísimo Rosario, una iglesia del vecindario que ha estado trabajando con Juan para facilitar su tiempo en Santuario, es menos optimista.

"Todos estamos algo tristes. Pensábamos que ICE no iba a perseguir a Arellano porque ella estuvo mucho tiempo en los ojos del público", dice Zanotti. "Y Juan, por supuesto, está preocupado. Él ama a sus dos hijas y no quiere que lo separen de ellas. No sabemos si ICE se ha recrudecido. Si van a venir a las iglesias ahora. Nadie quiere estar en santuario. No es una buena situación".

Pero tampoco es la alternativa, dice Juan. Cuando él cruzó la frontera el 25 de octubre de 1993, "fue por la desesperación", dice. "En mi país no tenía futuro". El magro ingreso que ganaba cosechando plátanos en su pequeña villa se había secado. No había otro trabajo, y como una década antes, los costos potenciales de cruzar la frontera ilegalmente parecían palidecer contra los beneficios potenciales. Mucho antes, Juan inició su propio negocio de jardinería, pagando impuestos anuales; se enamoró, compró una casa, tuvo hijos. Su negocio creció y pronto se hizo de un grupo de trabajadores. Finalmente, él ahorró suficiente dinero para contratar un abogado de Inmigración con la esperanza de aplicar para una tarjeta verde. Obtuvo la cita en la Corte pero la perdió, dice, cuando ésta fue cambiada y su abogado no fue notificado a tiempo. Como no se presentó, la Corte ordenó su deportación inmediata.

Eso fue hace tres años -tres años estresantes siempre con el temor de que el siguiente toquido en la puerta vendría de las autoridades de inmigración. Cuando Juan se dio cuenta del Movimiento Santuario en la primavera pasada, rezó por éste, y luego levantó su mano. "Él es un empresario, como mucha gente en este país", dice Zanotti, quien, como otros involucrados en el movimiento santuario, está llamando para una moratoria en la deportación hasta que sean adoptadas las leyes de inmigración.

Santuario, mientras tanto, ha puesto tensión en el negocio de Juan y la vida familiar. Debido a que Juan es el único miembro de su grupo de trabajadores que tiene licencia de conducir, Zanotti tiene que llevar a los empleados a su lugar de trabajo.

Los miembros de la familia visitan a Juan frecuentemente; él no ha estado en casa desde el mes de mayo. Su mundo ahora es una oficina pequeña en el segundo piso del edificio administrativo de la iglesia. Ahí hay una cama, un televisor viejo. Las fotografías de su familia adornan el pizarrón de avisos en la pared. En la pared opuesta un pizarrón muestra dibujos de gis de su hija mayor de 6 años de edad. "¿Qué más voy a hacer?", dice, inclinándose a los garabatos. "¿Dejar solas a mis hijas?".