Washington.- Courtney Austermehle solía invertir su dinero en "chucherías femeninas", como ella misma las califica. La joven de 23 años solía hacerse atender en peluquerías de renombre, se hacía limar las uñas por manos expertas y se compraba vestidos caros.
Pero la mujer de Filadelfia tuvo que abandonar hace ya tiempo. "Ya no voy de compras", señala Austermehle con tono parco. En su lugar, cocina más a menudo en su casa y en vez de manejar su auto viaja en transporte público.

Como Austermehle, muchos otros estadounidenses están ajustándose el cinturón. La peor crisis en décadas sufrida por la mayor economía del mundo ha eliminado más de tres millones de empleos desde que se anunciara oficialmente su entrada en recesión en diciembre de 2007, muchas firmas se declararon en quiebra, las bolsas están por los suelos y los inmuebles perdieron estrepitosamente su valor.

Incluso quien conserva su trabajo reduce el consumo por temor a lo que pueda venir. Décadas de alegre derroche terminaron en un brusco y profundo desencanto.

"Los consumidores están traumatizados", señala Mark Stevens, director de la consultora MSCO en Rye Brook, en el estado de Nueva York, y autor del libro "Rich is Religion" ("Ser rico es religión"), que intenta explicar las consecuencias de la embriaguez por el consumo.

"Las personas acumulan su dinero porque temen perder su trabajo", asegura. Pero la nueva austeridad podría sumir a la ya afectada economía en una crisis aun más profunda, advierten los entendidos. La economía estadounidense depende en un 70 por ciento del consumo privado.

Muchos renuncian a ir a comer a restaurantes, a viajar y a cambiar de coche. La fama de los estadounidenses de ser generosos consumidores ya es casi legendaria, así como su disposición a endeudarse.

En los últimos años la tasa de ahorro estadounidense, que indica la porción del ingreso que no se gasta, se ubicó en forma constante por debajo del uno por ciento, y en 2005 hasta alcanzó una cifra negativa. "Nuestra sed de consumo nos llevó a esta crisis", indicó el consultor de empresas Stevens.

También Annie Moncada se volvió más modesta. La mujer de 63 años confesó que solía comprar cosas "innecesarias". Su tarjeta de crédito ahora permanece guardada en su billetera. "Ahora en la olla suele haber más a menudo carne picada en vez de bistecs y también ahora ahorro energía en forma más consciente".

Según datos proporcionados por el Departamento de Comercio, en diciembre volvió a caer el consumo por sexto mes consecutivo, mientras que la tasa de ahorro aumentó hacia fines de 2008 al 2,9 por ciento.

"Éste es el cambio más grande desde hace dos décadas", indicó Gres McBride, analista financiero del portal de Internet bankrate.com. En principio los economistas no tienen nada que objetar: La nueva capacidad de ahorro de los estadounidenses produce capital para futuras inversiones y reduce el endeudamiento de Estados Unidos en el mundo. "A largo plazo esto es bueno", señala Nigel Gault, jefe de economía estadounidense del instituto de investigación económica Insight, "porque no podemos vivir permanentemente de préstamos".

Sin embargo, los consumidores estadounidenses ahorran en el momento menos apropiado. Lo que quizás sea bueno y sensato para cada uno podría tener consecuencias desastrosas para la economía de Estados Unidos y más allá. Se trata de un círculo vicioso: Mientras los estadounidenses reducen sus gastos por la crisis, al mismo tiempo le quitan a la castigada economía su fuente de sustento y aumentan así la recesión.

"Esto es muy doloroso para nuestra economía", opina el analista financiero McBride. La nueva austeridad no sólo afecta a los estadounidenses. "Economías orientadas a la exportación, como la china, son muy dependientes del consumo estadounidense", señala el economista jefe Gault.

Las esperanzas de los expertos financieros se basan ahora en el multimillonario paquete de rescate económico estadounidense. "El gobierno debe ocuparse de que los consumidores vuelvan a tener confianza", indicó Gault. Con facilidades impositivas y gastos del orden de los 787.000 millones de dólares el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiere estimular el consumo local. Pero muchos economistas ven con escepticismo el programa, que consideran demasiado reducido frente a la gravedad de la situación.

A pesar de los miles de millones, muchos expertos calculan que los consumidores estadounidenses se volverán más y más austeros, al menos en lo inmediato. Los economistas pronostican un aumento de la capacidad de ahorro del seis por ciento todavía para este año.

Mark Stevens, quien con su libro dar a sus compatriotas una lección de austeridad, duda de que los estadounidenses mantengan su actual contención a largo plazo. "Siempre necesitamos una vivienda más grande y un coche más veloz que el de nuestro vecino", señaló Stevens: "Lamentablemente, ése es el modo de vida en Estados Unidos".