El curandero peruano Santiago Aguanari en su vivienda en una imagen del 9 de abril. Foto DPA
Fiorella Palmieri/DPA
En quechua, el lenguaje de los Andes peruanos, el curandero es denominado "collasuyo sonqoyo", que significa "médico del pueblo con corazón".
Lima, Perú.- Diversas tradiciones de la medicina indígena en el Perú y en América señalan que para que un enfermo se recupere no basta con curar el cuerpo, pues también se necesita sanar el alma.

En la actualidad muchas de las creencias y prácticas de los pueblos nativos han logrado insertarse en la medicina oficial e incluso son aceptadas por la Organización Mundial de la Salud.

En quechua, el lenguaje de los Andes peruanos, el curandero es denominado "collasuyo sonqoyo", que significa "médico del pueblo con corazón". En tiempos de los Incas, estos especialistas también ejercían la función de "amautas" o maestros de su cultura, y eran muy respetados por sus conocimientos, vigentes hasta hoy, señala el doctor José Luis Peréz-Albela, uno de los promotores de la medicina alternativa indígena.

En Lima, ciudad de pueblos migrantes, los nativos de la comunidad shipiba del departamento selvático de Ucayali viven en el asentamiento de Cantagallo, donde los curanderos se esconden en trajes occidentales.

Pecón Soi, o "hermoso joven" en idioma shipibo, tiene 23 años y está dando sus primeros pasos como chamán de ayahuasca. Su tío, un curandero de la selva, vio cualidades en él cuando tenía 18 años.

El joven pasó por años de entrenamiento para ejercer su misión. "Solo comía pescado y plátano asado para poder recoger el poder de las plantas. Tomaba ayahuasca (hierba selvática) dejando un día. El maestro nos entregó sus medicinas y defensas para que los enemigos no nos ataquen", dice el joven chamán, cuyo verdadero nombre es Urías García.

El ayahuasca es la planta sagrada de la selva peruana. "Es un alucinógeno que permite alcanzar estados alternos de conciencia y la curación de algunos traumas psicológicos que causan enfermedades, sobre todo dolores", señala la doctora Martha Villar, presidenta del Comité de Medicina Tradicional del Colegio Médico del Perú (CMP).

Para el doctor Oscar Vilca, miembro del mismo comité del CMP, no es fácil encontrar un curandero confiable. "Los encuentras después de mucho tiempo al interior de la selva. Generalmente es un sabio que entrena a un alumno, familiar suyo, por eso queda el legado", dice el médico.

A sus 70 años, Santiago Aguanari prepara brebajes para atender pacientes en su precaria vivienda. Hace más de 50 años, en un lejano poblado de Ucayali, su padre le enseñó el poder de las hierbas y desde entonces ha logrado dominar los secretos de más de 100 plantas con las que puede curar desde un resfriado hasta el cáncer y el sida, asegura.

"El sida se sana, tiene curación. Yo siempre uso ayahuasca, planta de vida, y otras más que hay", dice Aguanari riendo, como quien no quiere revelar sus secretos para sanar la oficialmente incurable enfermedad.

Mientras habla, prepara una infusión con chuchuhuasi, planta que sirve para el reumatismo, la artritis, dolores musculares e infecciones urinarias. También mezcla pociones de la corteza del icoja, un árbol de 15 metros, que actúa como desinflamante.

"Hay casos que la medicina oficial no puede tratar y me los mandan a mí, y yo también envío pacientes al hospital si no mejoran", dice Aguanari, mientras se alista para visitar a una paciente con cáncer de útero.

Para Villar es importante rescatar estos conocimientos, pero no puede garantizar que el curandero sane enfermedades como el cáncer o el sida. "Lo que para el chamán es una curación, podría tratarse de un alivio de los síntomas o de una mejora en el sistema inmunológico", afirma la doctora, quien reconoce que hace falta investigar más estos casos.

Pérez-Albela, también conductor de numerosos programas de salud en la radio y televisión del Perú, considera que las prácticas ancestrales de los incas deben ser difundidas como parte de la medicina preventiva.

En un encuentro con sus seguidores, el naturista recordó que las mujeres andinas suelen cargar a sus hijos en la espalda, lo que, según la costumbres e investigaciones, evita que la leche materna se seque.

El conocido médico está a favor de que el periodo de lactancia materna se extienda. "Los hijos del inca lactaban hasta los tres años", enfatiza el galeno, que recomienda el consumo de quinua por las proteínas, así como los baños termales o "crenoterapia" que curan el alma y los dolores, y el respeto a los ancianos y a la naturaleza, todas costumbres incaicas.

La integración entre la medicina oficial y alternativa se ha logrado en algunos sectores de la salud peruana. Desde 1998, el Seguro Social brinda servicios de Medicina Alternativa que han atendido aproximadamente a 300.000 personas. En algunos centros médicos se recetan medicamentos naturales, se usa la acupuntura, la medicina mente-cuerpo (el yoga, la meditación), entre otros  enfoques de tendencia holística.

De esa manera, los pacientes son motivados a cambiar su estilo de vida y a nutrirse mejor, lo que previene enfermedades. Consciente de los beneficios de la medicina indígena, el Colegio Médico presentará un proyecto de ley que propone que los curanderos, parteras, hueseros y yerbateros indígenas puedan prestar servicios bajo la supervisión del Ministerio de Salud.

"En Chile el gobierno captó a los naturistas con más pacientes y les impartieron clases gratuitas de fisiología y anatomía durante dos años. Ellos se presentan con el título de terapistas", señala Vilca, quien cree que ambos enfoques deben enseñarse en las universidades peruanas. El objetivo es que los futuros médicos cuenten con más opciones de tratamiento para sus pacientes y opten por el más benéfico.