Las mujeres corren más peligro de caer en la dependencia de drogas que los hombres, según estiman algunos científicos que asisten a la III Conferencia Europea sobre Terapias Antidrogas que se celebra hasta mañana en Viena.
Viena, Austria.- Un grupo de investigadores dirigido por el especialista español en obtención de imágenes de procesos neurológicos, Jon-Kar Zubieta, de la Universidad de Michigan (EU), averiguó que algunas personas tienen una mayor inclinación hacia la adicción que otras por causas bioquímicas.

Las mujeres resultan ser más vulnerables, en parte porque son más sensibles al dolor, en parte porque sufren más en situaciones de estrés por el efecto de hormonas como el estrógeno y la progesterona, afirmaron los expertos en conferencia de prensa.

Por ello, las mujeres drogadictas tienen más dificultades para salir de su dependencia y necesitan dosis más altas de analgésicos con opioides que los hombres para liberarse de un dolor.

Mediante la tomografía de emisión de positrones (PET), Zubieta y su equipo pudieron observar los efectos de substancias como la metadona o la morfina en el sistema de opioides del cuerpo, esencial para dirigir los procedimientos físicos que ayudan a aguantar el dolor.

El sistema de opioides constituye un complicado mecanismo que influye en nuestro talante psíquico, puesto que los receptores de opioides, cuya sede principal se halla en el sistema meso-límbico, son responsables de que nos encontremos subjetivamente bien o mal.

Cuando el paciente está expuesto a factores de estrés, como lo es el dolor, se producen sensaciones de frustración o malestar que hacen buscar un remedio.

Muchos analgésicos, pero también algunas drogas surten efecto sobre los receptores de opioides y producen así una sensación de bienestar artificial.

Como explicó Zubieta, el nivel básico de los receptores de opioides varía según las personas, por lo que algunas incurren más fácilmente en una dependencia que otras.

La existencia de un mayor número de receptores significa al mismo tiempo que es más activo el sistema de neurotransmisores, de modo que la sensación de relajación y bienestar que facilita una droga puede ser distinto de una persona a otra.

Zubieta y su equipo han descubierto además algunos detalles interesantes sobre el efecto placebo: La creencia de obtener un remedio para el dolor puede tener un efecto terapéutico debido a que la propia idea de ello produce la emisión de dopamina y morfina en el cerebro, lo que es válido también cuando se sustituyen los psicofármacos por un placebo.

Pero, además, pudieron comprobar el efecto inverso: Los pacientes que esperaban efectos secundarios de un medicamento, los sufrieron igualmente cuando se les administraba una pastilla sin sustancias químicas activas.