Claudia Bolaños / El Universal
Cd. de México.- En el juzgado no cabía nadie más; personal de otras salas abandonaron por un momento su labores y al igual que otras personas que iban a sus respectivas audiencias, se dieron una escapadita para conocer a José Luis Calva Zepeda, el llamado Caníbal de la Guerrero.
Las ventanas del Juzgado 21 de lo Penal fueron insuficientes para la audiencia y los representantes de los medios de información nacionales e internacionales que presenciaron el inicio del proceso penal contra José Luis Calva, el supuesto asesino y caníbal.

No quiso declarar pues alegó sentirse mal: "Sí quiero, pero ahorita no coordino bien las ideas", le dijo al juez Juan Jesús Chavarría Sánchez.

Calva Zepeda salió a la rejilla de prácticas a las 14:30 horas, vistiendo una camisa blanca y un chaleco crema, el pantalón caqui, como todo interno del Reclusorio Oriente. Allí le dijo a su abogado, en una conversación que fue captada, que no había comido carne humana. "Es puro amarillismo".

De 38 años de edad, católico, nacido el 20 de junio de 1969, casado, pero separado, con estudios de bachillerato, antecedentes penales de 1994 por portación de arma blanca, consumidor de bebidas alcohólicas, adicto a la cocaína, con problemas sicológicos y con los oficios de "escritor, vendedor, periodista, poeta, pintor, dramaturgo, cantante, locutor, santero y ratero", fueron sus datos generales, aportados por él mismo.

Sus delitos, le dijeron: homicidio calificado de Alejandra Galeana Garavito y profanación de cadáver de la misma; sin embargo, en las próximas semanas se le consignará otro expediente por el crimen de otra de sus ex parejas, Verónica Consuelo Martínez Casarrubias.

De la primera víctima se le recordaron los presuntos horrores que cometió con su ex pareja: cómo la mató, cercenó un brazo y una pierna, guardó un pie en el refrigerador, el resto en el clóset y luego, cocinó un trozo del cuerpo.

José Luis Calva Zepeda se mantuvo casi inmóvil, con la mirada fija en muchos momentos, las cejas levantadas y los ojos muy abiertos, de miedo.

Su voz era débil, en momentos casi imperceptible, y sus respuestas titubeantes, sobre todo porque su abogado, Humberto Guerrero Plata, le hacía señas para que negara que había firmado la declaración ministerial, pero no lo consiguió, Calva lo había aceptado.

Una hora antes de la audiencia no tenía abogado, pero Humberto Guerrero Plata, quien tiene su despacho frente a esta prisión, se comunicó al teléfono de una empleada del área de Antropométrico que le tomaba en ese momento las huellas. Le dijo que se lo pasara, "ahí luego te doy", prometió a la mujer de nombre Sandra, y así ofreció a José Luis Calva Zepeda sus servicios gratis, "sólo por humanidad".

Le dijo que alegarían una "pequeña" locura o esquizofrenia, todo ello el abogado lo hizo frente a reporteros y con el altavoz para poder grabar cuando su "cliente" le decía que se sabía culpable.