El Universal
La primera actriz mexicana ya empezó su autobiografía y el próximo 14 de julio aparecerá en "Mujeres asesinas"
Ciudad de contrastes. Es viernes 3 de julio y la calle Versalles está ocupada por autos cuyos tripulantes asisten a dos actos de índole contraria: unos van al velorio de los integrantes del Grupo Especial de Reacción e Intervención, que perdieron la vida en un operativo antisecuestro en Xochimilco; otros quieren ver Adorables enemigas porque ahí se presenta la actriz mexicana con más importante trayectoria. El drama desgarrador y la comedia frente a frente.

Pionera de la televisión mexicana, protagonista de tres cintas del mejor Buñuel, símbolo sexual de su época y reina de la comedia musical, Silvia Pinal llega puntual a su camerino y se maquilla sola. Goza de vigencia y cabal salud, aunque aún le duele un poco la muñeca izquierda que se fracturó hace seis semanas. Muestra una zigzageante cicatriz rosada y dice: "¡Mire qué madrazo me di!".

Siempre con novedades, anuncia: "El 14 de julio se estrena la segunda serie de Mujeres asesinas, y arranca con el capítulo que hice con Daniela Castro ("Rosa, heredera"). Es un papel muy fuerte. Hay cosas una no quisiera hacer, pero si eres actriz y los personajes están bien escritos, pues le entras".

Cuando se le pregunta si aceptaría el papel de una actriz legendaria que mata a un reportero de revista del corazón, responde con carcajadas que casi la ahogan y añade: "No es para tanto, basta con que le diga que ya no esté fregando".

Otra novedad es que ya habló ante una grabadora para lo que será un capítulo de su autobiografía. Generosa, adelanta que en esa parte se refiere al matriarcado, desde su abuela, que procreó seis mujeres y un varón que falleció relativamente muy pronto.

Cuando se le inquiere acerca de cuánto sexo habrá en el libro, sonríe y señala: "Hablar de sexo, lo que se dice sexo, va a estar difícil, pero sí de mis amores". Recuerda que Pedro Infante no sólo quería con ella "sino con todas, pero en ese momento yo estaba muy enamorada de Emilio Azcárraga (Milmo)".

-¿Y sí era un tigre?

-Era lindo, simpatiquísimo.

-¿Pero era un tigre?

-Ja, ja, ja. ¡Sííí!

Del teatro que quiere construir por el rumbo de Mixcoac, afirma: "Lo voy a hacer, aunque no es un momento fácil. La crisis económica está espantosa".

Dice que, aunque no lo parezca, sí conoce la flojera: "A veces me da fiaca venir al teatro los domingos, pero me despabilo porque sé que la gente me espera con mucho cariño". Difícilmente se deprime: "Más bien me pongo muy triste, sobre todo cuando se me murieron mi hija y mi mamá".

Fue asambleísta, diputada federal y senadora. Se quedó "con ganas de ser delegada en Coyoacán, pero fue cuando me tuve que ir a Miami por lo de la demanda". A Alejandro Gertz Manero, quien inició ese litigio, no lo considera un adorable enemigo: "Eso ya quedó en el pasado, y no me gusta tener enemigos porque el rencor provoca enfermedades. Está comprobado que una forma de la diabetes viene de ahí; en Mujer, casos de la vida real, presenté un programa con ese tema".

-¿Le hubiera gustado ser la góber preciosa de Sonora?

-No hubiera sido correcto. Soy más chilan ga que nada.

La unión de políticos con actrices (Pinal-Tulio, Sarkozy-Bruni, Peña Nieto-Gaviota) la ve "muy normal porque somos líderes en ambas profesiones. En Tlaxcala hice muy buena labor en el DIF porque me sirvió ser conocida y, sobre todo, muy querida".

Desde hace cinco años no tiene pareja: "Me he vuelto muy intolerante. Cuando estás muy enamorada, hasta aceptas que el otro ronque. La última vez hasta me cambiaba de cuarto, y así no funcionan las cosas".

Recuerda cuando rechazó un millón de pesos por desnudarse en una película, "y luego lo hice gratis con Buñuel en Simón del desierto, y más adelante con Juan Ibáñez en Divinas palabras. Yo siempre supe fijar mi posición en ese sentido. No se crea, es difícil salir como Dios la trajo a una al mundo".

-¿Nunca se le subió la fama?

-Sí, cuando era chiquilla. Llegaba a los estudios de cine donde había unas sillitas para los que teníamos papeles pequeñitos, y unos sillones como de peluquero para las estrellas; yo siempre me quería sentar ahí. Finalmente, cuando lo hice, me di cuenta que eran más cómodas las otras. Una peinadora, que todavía vive, me dijo entonces: "¡Abusada, te estás poniendo pesadita!".

La actriz Silvia Pinal nació en la ciudad de Guaymas, Sonora. Estudió actuación en el INBA y participó en los primeros teleteatros junto con el primer actor Manolo Fábregas.

Inició su carrera en el cine a los 18 años en las películas Bamba y El pecado de Laura y alternó en los años siguientes con los mejores actores del cine mexicano. En 1952, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó el Premio Ariel Por Mejor Co-actuación en la cinta Un rincón cerca del cielo. Silvia recibió dos arieles más en 1955 por la película Locura Pasional y en 1956 por Enemiga.