El Universal
Mientras Washington se prepara para fortalecer su control sobre la compañía, las implicaciones están empezando a comprenderse
Nueva York.- Dentro de las oficinas generales de Citigroup, todos hablan de la palabra con N. La nacionalización, al menos parcial, parece inevitable para el gigante financiero en problemas.

Mientras Washington se prepara para fortalecer su control sobre la compañía, las implicaciones --para Citigroup y para el resto de la industria financiera-- están empezando a comprenderse.

Bajo el plan que reguladores federales discutían el lunes, el gobierno podría terminar siendo dueño de hasta 40% de Citigroup, que ya ha recibido dos salvavidas multimillonarios de Washington.

La pregunta es, ¿qué pasa después? Quizá no tanto, al menos por ahora.

Incluso antes del rescate No. 3 --que no involucrará dinero adicional de los contribuyentes-- reguladores federales estaban ya apretando las tuercas a la compañía. El gobierno ha ordenado a Citigroup vender negocios, modificar su consejo directivo, reducir su dividendo y disminuir sus operaciones riesgosas en los mercados. También ha tomado medidas para limitar bonos y beneficios como aviones corporativos.

Más aún, Citigroup depende ya del dinero del gobierno para financiar sus operaciones y asegurar cientos de miles de millones de dólares en activos riesgosos. Ha cedido ante legisladores demócratas en relación con una legislación de bancarrota que la industria financiera había rechazado por mucho tiempo, y ahora debe elaborar un reporte público sobre sus actividades crediticias cada mes.

"¿Por qué tanta alharaca?", indicó Charles R. Geisst, historiador de finanzas. "Son pupilos del estado de cualquier forma".

La administración Obama ha señalado que no tiene planes de nacionalizar abiertamente los bancos, y funcionarios indican que quieren evitar asumir una participación grande en Citigroup. La esperanza es que una mayor inyección de capital accionario del gobierno, proporcionado a través de la conversión de títulos preferenciales, ayude a Citigroup a aprobar la nueva "prueba de esfuerzo" que reguladores federales están preparando para aplicarla a unos 20 bancos grandes.

La estrategia de la administración parece apuntar en la dirección de abstenerse de una nacionalización formal --en la que el gobierno tome el control-- para fortalecer en cambio el escrutinio regulatorio.

Nacionalizar abiertamente Citigroup sería un reto enorme, dados el tamaño y el alcance internacional de la compañía. En países como México, por ejemplo, un banco controlado por el estado podría quebrantar las regulaciones de propiedad locales.

Con operaciones en más de 100 países, Citigroup aglutina muchos de los males que plagan a la industria bancaria global. En el futuro, es casi seguro que la compañía será más pequeña y menos rentable que antes, señalan analistas.

El peor escenario, agregan analistas, es que el gobierno tome el control en algún momento, divida a Citigroup y venda los pedazos. Citigroup, agregan, podría terminar encogiéndose a la mitad de su tamaño actual. (Traducción: Gregorio Narváez).