El candidato a embajador de EU en México creció rodeado de música, ejerció el periodismo y pasó una etapa polémica en Argentina. Foto: Vanguardia/ Archivo
Excélsior
El candidato a embajador de EU en México creció rodeado de música, ejerció el periodismo y pasó una etapa polémica en Argentina
CIUDAD DE MÉXICO.- Earl Anthony Wayne nació en Sacramento, California, en 1950. Su madre había sido cantante de ópera y su padre trabajaba para el gobierno. Siendo estudiante de preparatoria, encontró en su casa el libro Un rayo sobre China, donde Theodore White describía al gobierno de Chiang Kai-shek y la política estadunidense hacia esa nación.

Lo que Anthony descubrió allí lo llevó a acariciar la idea de trabajar en política exterior, "o al menos estudiar otros países y conocerlos", diría años después en una entrevista con el diario The Concordian.

Cuando Anthony tenía tres años, la familia Wayne se mudó al poblado de Concord para estar más cerca de la ciudad de San Francisco, donde su padre había obtenido un empleo en el gobierno.

Al ir creciendo le empezó a gustar el beisbol, deporte que practicaba, sobre todo en el verano. Creció rodeado de música: su madre daba clases de canto en casa y él se inscribió en el coro de su preparatoria, en Mount Diablo High School.

Años después, cuando ya era miembro del Servicio Exterior y embajador en Argentina, recibía personalmente a algunos músicos, entre ellos a Gustavo Cerati, de Soda Estereo, a quien fue a saludar cuando el artista tramitaba su visa.

En la preparatoria la clase de Historia era una de sus favoritas, así como la de inglés, donde la maestra, Margaret Atkinson, lo obligó a trabajar con determinación para mejorar sus habilidades para escribir y mejorar su ortografía.

En 1968, en pleno furor del movimiento hippie y el surgimiento de las Panteras Negras -movimiento de reivindicación de los afroamericanos-, Anthony ingresó a la Universidad de California, en Berkeley, a estudiar Ciencia Política. Después hizo la maestría en Ciencia Política en Stanford y una segunda maestría en Princeton.

A los 25 años presentó el examen para ingresar al Servicio Exterior de Estados Unidos, en el que fue aceptado, y en 1975 su primer trabajo fue como analista de la situación en China, en el Buró de Inteligencia e Investigación (FBI) del Departamento de Estado.

Su primer destino en el extranjero fue Rabat, Marruecos. Después, de 1980 a 1983 fue asistente de diversos secretarios de Estado; en 1984 terminó una tercera maestría en Administración Pública en Harvard y ese mismo año fue nombrado primer secretario de la embajada de Estados Unidos en París.

Pero en 1987 pidió un permiso de dos años para dedicarse al periodismo y ser el corresponsal de seguridad nacional del Christian Science Monitor.

Años después, siendo embajador en Argentina, hablaría con orgullo de esa etapa de su vida: "Decía que adoraba el periodismo, que le gustaba escribir y que el Christian Science Monitor era tan competitivo como los grandes diarios estadunidenses" dijo a Excélsior una fuente en Argentina.

En 1989 regresó al Servicio Exterior como director de Asuntos Regionales para el embajador itinerante de antiterrorismo de Estados Unidos. Luego ocupó diferentes cargos involucrados con las relaciones de Estados Unidos con Europa, y de 2000 a 2006 fue secretario Adjunto de Estado para Asuntos Económicos y Empresariales (EB).

Tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 empezó a diseñar estrategias para cortar el flujo de dinero a los terroristas y frenar sus estrategias de lavado de dinero.

Pero un reto completamente distinto se presentaría en su carrera diplomática: en abril de 2006 el entonces presidente George W. Bush le pidió que tomara las riendas de la embajada estadunidense en Buenos Aires.

Como pez en el agua

Algunos argentinos que trataron con Wayne en su paso por Buenos Aires lo describen como un hombre muy eficaz para obtener información, quien a pesar de no haber tenido nada de química con los Kirchner, logró una extraordinaria y permanente comunicación con miembros clave del gabinete, como Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior.

El 10 de diciembre de 2007, Cristina Fernández de Kirchner asumió la Presidencia en Argentina y sólo tres días después explotó el escándalo Valijagate.

Todo empezó en agosto de 2007, cuando el empresario venezolano-estadunidense Guido Alejandro Antonini Wilson fue sorprendido en el aeropuerto ingresando una maleta con 800 mil dólares a Buenos Aires.

Días después, en Miami, el (FBI) lo interrogó y detuvieron a tres venezolanos y un uruguayo, quienes de acuerdo con Antonini, le habían dado el dinero para llevarlo a Argentina.

Uno de los detenidos, Franklin Durán, declaró que el dinero lo había enviado el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para financiar la campaña presidencial de Cristina Fernández.

Sin embargo, la mandataria argentina declaró que se trataba de una "operación basura" y ordenó a todo su gabinete que no recibiera al embajador Wayne, tratando de aislarlo.

El diplomático sólo podía encontrarse con el entonces canciller Jorge Taiana. En Buenos Aires decían que a Wayne lo habían metido en un "corralito".

Con el Valijagate a cuestas y las subidas y bajadas del caso en la Corte de Miami, 2008 fue un año complicado. A pesar de todo, cada semana Wayne se reunía con alguno de los miembros del gabinete argentino y una vez al mes se entrevistaba con el ministro del Interior, Aníbal Fernández, con quien el tema de la seguridad y del combate al narcotráfico se volvió fundamental.

En junio de 2009 el presidente Barack Obama le pidió a Wayne que ocupara el cargo de director de Desarrollo y Asuntos Económicos de la embajada estadunidense en Afganistán.

Durante la despedida en la residencia oficial un grupo de personas lo felicitó diciéndole que seguro había hecho un buen trabajo, pues ser trasladado a Afganistán significaba un ascenso.

Esas palabras provocaron que un par de lágrimas salieran de los ojos de Wayne. No quedó claro si estaba triste por dejar Argentina opor irse a Afganistán.

En mayo del año pasado fue nombrado viceembajador en Kabul, Afganistán, y ha estado a cargo de cerrar el paso a los intentos de lavado de dinero de los terroristas, así como en los trabajos de reconstrucción de la economía de esa nación.

En entrevista con Excélsior, Andrew Seele, director del Instituto México de The Woodrow Wilson Center for Scholars, describió al embajador Wayne como alguien a quien "sus colegas ven como el economista del Servicio Exterior" y por su paso en Argentina y Afganistán "ha tenido experiencia en el tema de seguridad".

En ese sentido, Seele consideró que "es un diplomático que nadie va a cuestionar. Lo han confirmado tres veces (en el Senado): fue subsecretario de Estado, luego embajador en Argentina y ahora embajador alterno en Afganistán.

Lo han confirmado tres veces en diez años; no hay dudas sobre él, no hay rencores contra él en ninguno de los dos partidos y goza de la confianza de senadores de ambos partidos".