De acuerdo con el administrador Local de Recaudación de la Secretaría de Finanzas, Óscar Mohamar, el paquete fiscal 2016 implicará “ahorros” importantes para los propietarios de vehículos automotrices, debido al incremento de 300, a 350 mil pesos, en el monto máximo del valor de un auto para quedar exento de dicho pago.

Según las cifras proporcionadas por el funcionario, los vehículos de entre 300 y 350 mil pesos de precio pagan actualmente hasta 7 mil 800 pesos por todos los conceptos relacionados con la posesión de un auto, mientras que el año próximo dicho monto podría reducirse a 2 mil 800 pesos.

Vistas así las cosas, puede darse sin duda la impresión de que los propietarios de autos tendrán un “ahorro” importante el año próximo y que las finanzas personales -y familiares- se verán beneficiadas en algunos casos con la medida cuya aprobación aún espera turno en el Congreso del Estado.

Sin embargo, difícilmente algún mexicano puede considerar que una disminución en el monto del dinero que se ve obligado a desembolsar por ser el poseedor de un vehículo automotor constituye un ahorro, pues mientras dicha cifra no descienda a cero cualquier cantidad constituye una auténtica “agresión fiscal”.

Y es que si algo sabemos los mexicanos es que la tenencia -con todos sus accesorios y derivados- constituye un impuesto abusivo cuya creación se justificó, hace casi medio siglo, con el pretexto de financiar los Juegos Olímpicos de 1968 y que luego adquirió carta de naturalización en el catálogo fiscal por la misma razón por la que algunos otros impuestos existen: resulta fácil de cobrar y existe un público cautivo para ello.

Por otra parte, hace ya varios años que dicho impuesto fue sustituido por un incremento en el costo de las gasolinas y el hecho de que prevalezca implica que los propietarios de automóviles estamos siendo obligados a pagar doble por este concepto.

Todo ello, impide que uno pueda contagiarse del tono festivo con el cual Óscar Mohamar pareciera buscar que todos celebráramos la eventual disminución en el costo de la tenencia que nos veremos obligados a pagar el año próximo.
Imposible alegrarnos por el hecho de que un impuesto cuya desaparición fue decretada hace años subsista, aún cuando lo haga en montos menores a los del actual ejercicio fiscal, porque al final de cuentas de todas formas implicará un gasto que no deberíamos -y no queremos- hacer.

Existe una máxima en el servicio público de cualquier país del mundo: quienes cobrar impuestos no puede ser populares y por ello no deben intentar siquiera el ser “bien vistos” por los ciudadanos. El Administrador Local de Recaudación de la Secretaría de Finanzas de Coahuila haría bien en aprender esa lección.