El mundo ha cambiado más en los últimos tres o cuatro lustros, que en decenas de años antes. Eso llamado redes, cibertecnología, internet, intercambio de datos y todo lo que de ello se desprende, vino a transformar no sólo hábitos, costumbres o rutinas, no; vino a transformar y modificar la vida misma. Somos otros, sin duda. Pero creo que usted lo sabe, estimado lector: somos los mismos al final de cuentas. Somos bípedos sin plumas, para decirlo con el filósofo antiguo. Y nos siguen interesando los mismos temas de siempre: los negocios, el dinero, la empresa, la ecología, la política, nuestro mundo; pero también, nuestra vida conyugal, eso llamado amor, nuestra pareja, Dios, la religión, la cultura en sus múltiples manifestaciones como la pintura, la literatura, la música… y a mí, todo lo anterior me preocupa, bajo mi óptica personal: desde un punto de vista humano.

Es decir, el punto de vista o arista, donde hierve la condición de la persona, haciendo caso a su cultura, la sociedad, su incursión en la política y sobre todo, aquello que nos da la condición de frontera, esto llamado concepto de ser del norte. Ese concepto huidizo de ser norteño y fronterizo. Con agudeza y acierto, el mexicano universal, el escritor Carlos Fuentes escribió en su momento que, más que una línea divisoria con Estados Unidos, la frontera mexicana es una cicatriz. Cuestión de enfoques: el Río Bravo para nosotros, el Río Grande para los norteamericanos; el norte pujante para nosotros es el sur de ellos advertido como peligroso y harto inseguro. Nuestro norte pujante y con empleos, para ellos es la puerta de entrada de miles y miles de ilegales. Una invasión ya a estas fechas.

Hoy, merced al clima de violencia que se vive lo mismo en Nuevo Laredo, en Ciudad Acuña o bien, en una ciudad no fronteriza, pero que es fundamental para la geografía de ambos países, Monterrey, el llamado “Muro de la ignominia” ya está caminando, construyéndose en partes, en grandes porciones de terreno gringo. Donald Trump viene ganando hoy la tirada de naipes y “vencidas” (pulso, dicen los españoles) con México. En estos diez primeros textos del año me decanté por ponerle usted y a su juicio un somero análisis ancilado lo anterior en dos naipes: la cuestión de la migración masiva y sus múltiples costos (económicos, políticos, de inseguridad, de violencia extrema, de servicios, de deportación, puf) y un par de textos o tres, recuerdo, sobre la violencia en México y en la región la cual no cesa. Interrumpo esta saga de columnas tituladas “2020/10” hasta el momento a la cual le abonaremos nuevas letras en dos semanas más o menos. Claro que continuaremos con temas tan escabrosos y difíciles para todos. Recuerde usted que sólo le estaremos agregando el número consecutivo y respectivo a los títulos de esta saga ya leída y apreciada por usted, lo cual agradezco.

ESQUINA-BAJAN

Escribe con letra redonda el maestro Salman Rushdie: “… (En) la frontera del futuro: el Telón de Acero fue proyectado para mantener a la gente dentro. Ahora nosotros, que vivimos en los rincones más ricos y deseables del mundo, construimos muros para mantener a la gente fuera”. Lo anterior lo dictó el británico en una serie de conferencias en Yale, en 2002, luego publicaría algunos artículos con este tema en varias revistas y diarios alrededor del mundo. Posteriormente y es donde yo lo leo, recopiló todo este material en su libro “Pásate de la Raya”, editorial Plaza & Janés. Un tabique, una aplanadora de ideas e inteligencia de más de 500 páginas. ¿Estamos globalizados y todo el mundo está cerca de nosotros a un click de distancia? Sí, pero es control. Simple control. El problema no es la globalización, sino la riqueza. La justa distribución de la riqueza global.

Los que están dentro de su territorio (Estados Unidos, Italia, Alemania), dentro de su isla (Reino Unido, Australia), bajan el telón, cierran la puerta y los puertos y se liberan de visitas indeseadas… como nosotros, los bárbaros, los pobres, los miserables. ¿Debe hacer lo mismo México con sus vecinos miserables y violentos del sur? Van los datos duros: en enero, sólo en enero pasado, pidieron a México asilo o protección internacional 5 mil 936 migrantes. 50.8 por ciento más que en el mismo mes de 2019. El 65 por ciento de la condición de refugiados se están dando en Chiapas. Es decir, gran porcentaje son vecinos centroamericanos. Los países de donde vienen más refugiados (o que buscan ese estatus para permanecer en el País mientras logran su cometido de llegar a EU) son Honduras, Cuba, Venezuela, El Salvador, Haití. El año pasado se terminó con 70 mil 302 solicitudes de asilo o ayuda. En promedio, más de 5 mil mensuales. 2.37 por ciento más que en 2018.

Y si hay refugiados, deportados o asilados hay gastos. Hartos gastos. De todo tipo. En materia de salud, manutención, papeleo, toma de datos, de control político, no pocas veces en materia de violencia (el índice muestra que donde hay más migrantes varados, se recrudece la violencia en dichos lugares y ciudades), casas de asistencia… Puf. Coahuila (gobierna Miguel Ángel Riquelme), Saltillo (gobierna Manolo Jiménez), Ramos Arizpe (gobierna Chema Morales), Piedras Negras, Ciudad Acuña… son entidades que sufren las consecuencias de esta ola de migrantes. Y creo que usted lo sabe, para control de ello, se necesita dinero para la operatividad. Y también usted lo sabe, Coahuila es una de las entidades de México a la cual Andrés Manuel López Obrador le redujo… el presupuesto. El año pasado no se transfirieron a nuestro terruño más de 40 mil millones que eran nuestros. Así de sencillo (3 de febrero, datos de la SHCP). El tirano de AMLO no nos quiere y nos trata de joder.

LETRAS MINÚSCULAS

En una o dos semanas, regresaremos a esta saga con diez nuevos textos más. Así sea.