¿La vida hoy? Vacía. Una triste mascarada. ¿La verdad? Inasequible. Depende del “celular inteligente” en mano, ese es el color de la verdad de hoy. ¿Cristianismo, espiritualidad? Un café pálido, aguado, sin cafeína. Dejó hace muchos años de ser respetado como una “verdad religiosa universal”. Tal vez nunca lo fue. Las leyes son para violarse, jamás para obedecer la norma. ¿No matarás? Una ley para no cumplirse. Un resabio del Antiguo Testamento el cual ya nadie cumple. La vida, el mundo es cruel y hosco, porque así somos los humanos. En esto la hemos convertido hoy.

¿Cuál es nuestro sino y condena? “No descansar en ningún sitio. / Los dolientes hombres / desaparecen y caen…”. Sí, hombres, ángeles caídos en la miseria y violencia sin fin ni tregua en este mundo llamado Tierra. Los versos atormentados son de Friedrich Holderlin, el cual murió enloquecido por el amor no correspondido de una mujer (Diótima, como nombre simbólico de la musa), recluido en su torre de Tubinga, mientras tocaba la espineta para sus visitas. Antes de él, poco antes, el ciego John Milton lo había pergeñado en su monumental “Paraíso Perdido”. Expulsados del Edén y de la mirada amorosa y piadosa de Dios, los primeros humanos (varón y varona, Adán y Eva) rápido se unieron al coro de desobediencia primigenia. Hoy habitamos la Tierra y un abismo insondable de locura y violencia sin fin y sin freno. Todos somos Caín. Todos posemos el germen de la rabia y sacamos, a la menor provocación posible, el aguijón venenoso que zahiere el cuerpo y alma.

¿Últimas noticias en el paraíso de la tierra y en el paraíso del “abrazos y no balazos” de Andrés Manuel López Obrador? En Chihuahua, un nuevo infierno. El viernes 17 de enero, en la comunidad de Las Palmas, municipio de Madera, civiles armados (es un eufemismo, es la mafia los poderosos cárteles del narcotráfico y la sevicia que todo lo depreda) incendiaron más de 20 casas y autos. Un reguero de llamas como un próximo camino al infierno. En la zona, como en casi todo el País, son bandas en disputa por el territorio para operar. Entrampados, en medio, los ciudadanos que son las víctimas de la tolerancia de las autoridades federales bajo el mando de AMLO.

Ese mismo día, pero aquí cerca, en Apodaca, Nuevo León (sí, camino al Aeropuerto por donde diario pasan cientos de saltillenses para tomar sus vuelos de negocios) y por segunda ocasión en corto tiempo, se dejó una camioneta abandonada en lugar visible y concurrido (una Suburban placas SCG-011-A). Adentro, como en pretérito día, había una hielera. Dentro de la hielera, una cabeza de un ser humano. También estaban sus manos. Nada más. Cercenado, en partes, en tres partes, un humano del cual nada más sabemos. La sevicia y bestialidad en tiempos donde en teoría, y sólo en teoría, la ciencia y la cultura del mundo todo están a un simple click de distancia. ¿Entonces qué es lo que falla?

ESQUINA-BAJAN

Más leña al caldero hirviente de la sangre y del dolor sin fin en que se ha convertido México: el sábado 18 de enero y en la tierra de Andrés Manuel López Obrador, un comando armado asesinó a un niño de 5 años, a una adolescente de 18 años y dejaron moribundo al tercer hermano de esta familia, un niño llamado Jesús Ramón, de 15 años. La información es la siguiente: el comando armado llegó con la mira puesta en un joven con presuntos nexos con una banda delictiva. Al no encontrarlo, torturaron y asesinaron a su hijo de 5 años llamado Moisés. A la niña Marisol, de 18, también la mataron. Sólo Jesús –medio vivo, medio muerto– está aún en vías de salvarse. La brutalidad y sevicia no respetan niños ni adolescentes. Vaya, ni nombres bíblicos. No, tampoco estos sicarios pensaron en sus “mamacitas” ni “se portaron bien”, como lo ha recomendado AMLO en sus homilías diarias.

El sábado 18 de enero y en Guerrero, un grupo de sicarios bajo el mando de “Los Ardillos” mataron a pura bala a integrantes de un grupo musical que se había presentado en una comunidad rural de la zona de Tlayelpa. Mataron a 10 músicos. De estos 10 músicos, dos eran menores de edad: Israel de 15 y José de 17 años. Insisto, ni sus nombres bíblicos los pueden salvar de la barbarie y la violencia estacionada como nube negra sobre México. Los familiares de los músicos asesinados bloquearon una carretera principal de aquella región de Guerrero, para exigir algo sencillo y de humanidad: que les den los cuerpos de sus padres, sus esposos, sus hijos muertos. Pero la autoridad no quiere dárselos. David Sánchez Luna, dirigente de la Policía Comunitaria de la localidad, al hablar con el agente del Ministerio Público del Fuero Común de Chilapa éste negó la entrega de los cuerpos porque era imposible reconocerlos. Los cadáveres habían quedado “irreconocibles.” Imagine, señor lector, entonces cuántas balas y ráfagas de metralla les fueron disparadas a estos seres humanos para haber quedado en las condiciones de ser “irreconocibles”.

¿Recuerda usted el siguiente párrafo? “...atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos ‘hechos’ que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y Serán felices...”. Sí, es “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury. En los pálidos eventos arriba deletreados hay humanos calcinados, cercenados, mutilados; en su momento, todos ellos aullantes de dolor. México se desangra mientras AMLO tiene “otros datos” y utiliza su púlpito diario para distraer y engatusar: rifar el avión presidencial debido a su pésima planeación (un capricho, pues), la llanta ponchada de una de sus camionetas… la chabacanería, el desdoro, la desidia…

LETRAS MINÚSCULAS

“No descansar en ningún sitio. / Los dolientes hombres / desaparecen y caen…”, Friedrich Holderlin.