Ayer se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa y nos dejó una vez más un amargo sabor de boca. Otro periodista fue asesinado en el sureste mexicano: Santiago Enríquez fue encontrado sin vida dentro de un vehículo en la región Loxicha del estado de Oaxaca el jueves pasado.

En lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador se han contabilizado siete comunicadores asesinados. Las organizaciones defensoras de la libertad de expresión reportan seis casos documentos de crímenes vinculados a su labor periodística.

Ante este complicado panorama ¿qué podemos esperar? Los periodistas son piezas fundamentales para la consolidación de la democracia. A través de su trabajo se ejercerse una potestad fundamental de la ciudadanía que es el derecho a saber. Con sus reportajes, entrevistas y piezas de investigación nos permiten conocer aspectos indispensables para conformar juicios y participar con actores diversos en consecuencia.

Por ejemplo, en el caso del combate a la corrupción, su aporte es tan necesario como el de las organizaciones de la sociedad civil e instituciones gubernamentales que trazan estrategias para ir más allá de la denuncia pública. Además, con el periodismo de investigación se revelan los esquemas que operan en las redes de corrupción y también es una forma de conocer a mayor profundidad el fenómeno. Por eso, cada vez que un periodista muere impacta a la sociedad en su conjunto porque se pierde la oportunidad de conocer qué sucede con el llamado bien público.

¿Pueden el activismo y el periodismo conjugar acciones por el bienestar colectivo? Aunque ambas actividades tienen naturalezas distintas, ante la crisis de violaciones a los derechos humanos, impunidad y corrupción se deben construir puentes que abonen a la construcción de estrategias colectivas y no más muros que nos hagan entrar en polarización y más estridencia.

Ahora nos encontramos en un punto clave y tal vez definitivo, porque los periodistas necesitan aliados para que su voz no se calle y la sociedad civil requiere del trabajo de los periodistas para conocer lo que ocurre.

La muerte violenta de los periodistas en México también responde a un clima de corrupción e impunidad. Cada asesinato o crimen que no tiene consecuencias habla de una red de encubrimiento y complicidades que no permite que salga a la luz un asunto que pone jaque a los cotos de poder. Hay más razones positivas para que la sociedad civil y los periodistas trabajen en colectivo que posibles motivos para no hacerlo.