Antes había que pagar por ver pornografía, ahora se ve gratis y por todos lados. Uno ve pornografía por accidente: En los anuncios de la calle, en el Internet, en las pantallas, en impresos. Todo el día recibimos —niños, adultos y adolescentes— un bombardeo de imágenes impropias.

Luego hay quienes la buscan de forma activa. La nota dice que los saltillenses son de los mexicanos que más buscan pornografía en Internet. La noticia no es buena si consideramos que la pornografía se asocia con abuso de menores, embarazos en adolescentes, enfermedades sexuales. La pornografía distorsiona la realidad, muestra a la mujer como un objeto.

La pornografía genera adicción y, por consecuencia, pérdida de tiempo y dinero. excepto para quienes la venden, ellos reciben ingresos millonarios.

David Mura tiene un libro en donde dice: “En la esencia de la pornografía está la imagen de la carne usada como una droga. Una manera de insensibilizar el dolor psíquico, pero esta droga dura solo mientras el hombre fija su mirada en la imagen, a veces aún menos…

¿Qué es rendir culto a una imagen? Es rezar por un regalo que nunca recibirás. El adicto cree que usar a otra persona como un objeto lo liberaría de su infelicidad. 

Por un segundo la infelicidad se adormece y se olvida, por la emoción. Después de eso la droga se acaba y la infelicidad le regresa…

En la percepción pornográfica, cada gesto, palabra, cada imagen, se le interpreta a través de la sexualidad. El amor, la sensibilidad, la compasión o la piedad son sometidas y subordinadas a una fuerza más poderosa…

El adicto a la pornografía desea ser cegado, vivir en un sueño. Los esclavos de la pornografía tratan de eliminar de su conciencia el mundo fuera de la pornografía, y esto incluye todo, desde su familia y amigos o la situación política. Al participar en tal eliminación el espectador se reduce a sí mismo, se vuelve estúpido”. 

La razón y la voluntad deberían ejercer dominio sobre el instinto y las pasiones. Se dice que “no hay camino más seguro para engendrar el respeto del hombre que el autorespeto que muestra la mujer”.

Narra C.S. Lewis en su autobiografía: Buscaba el placer, y al final lo encontraba, pero enseguida descubría que el placer, ese u otro cualquiera, no era lo que yo buscaba. Y pensé que me estaba equivocando, aunque no fue, desde luego por cuestiones morales, en aquel momento, yo era el más inmoral que puede ser un hombre en esos temas.

La frustración tampoco consistía en haber encontrado un placer rastrero en vez de uno elevado…. y remata: “Al terminar de construir un templo para el placer, descubrí que el dios del placer se había ido”. Decía Bernanos: “La lujuria es una llaga misteriosa en el costado de la especie”.

Nadie se libra de esta herida, algunos sienten su agudeza de forma crónica, otros no sufren su mordedura más que con intervalos, pero todos la sufrimos”.

Dice Mura que “la adicción a la pornografía no es divertida, debajo de la superficie de las afirmaciones de libertad, yace la desesperación y la ansiedad, la vergüenza y el miedo, la soledad y la tristeza que alimenta el consumo sin fin de más pornografía”.

El adicto se siente indefenso y no es visto como tal, ni mucho menos recibe un tratamiento. Las consecuencias las sufre toda la sociedad.

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