Celso Piña murió a los 66 años de edad | Foto: Especial
25 mil personas se congregaron para despedir al artista

Monterrey, Nuevo León.-  “Los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía…”, cantó un multitudinario coro a Celso Piña en su despedida.

El hijo prodigo del Cerro de la Campana realizó su último recorrido por la tierra que lo vio crecer y triunfar, hasta convertirse en una figura internacional conocida por sus  motes de “El Rebelde del Acordeón” o “El cacique de la Independencia”.

De acuerdo con Protección Civil del estado, 25 mil personas se congregaron para despedir al artista.

Su pueblo, la gente de su barrio bravo, le dijo adiós, este sábado, con una misa de cuerpo presente en la Basílica de Guadalupe y un recorrido por las calles de las colonias en donde más que admirado era idolatrado.

El músico, que tiene en su haber éxitos como “La Negra Nelly” o “Cumbia Sobre el Río”, murió la tarde del miércoles, a la edad de 66 años, víctima de un infarto.

Vivió de manera sencilla, era un hijo del pueblo, que creció en las faldas del cerro, en las calles empinadas, entre los callejones llenos de escaleras y las casas coloridas, pero se despidió como un grande: movilizando masas y transformado la tristeza y las lágrimas en un ambiente de fiesta al ritmo de música colombiana.

El arribo de su cuerpo a la Basílica fue alrededor de las 12:00 horas y la misa estuvo oficiada por el padre Juan José Martínez, quien instó a la familia de Celso a continuar con su legado.

“La tristeza los va a invadir, pero acuérdense que lo más importante es cumplir con esa misión”, señaló.

Los restos mortales de Piña, colocados en un féretro de madera color café claro, fueron homenajeados lo mismo con porras, que gritos, aplausos y las estrofas de canciones.

Su familia decidió abrir la caja para que sus fans pudieran verlo por última vez.

“Los caminos de la vida son difíciles, no son como pensamos, y en ningún momento pensaron que sería así la partida”, señaló el religioso

Elementos de la Policía estatal, municipal y Protección Civil se encargaron de resguardar el camino de la carroza, que lo llevo desde Gayosso Capillas Marianas hasta la Basílica, enclavada en la colonia Independencia.

“Se ve, se siente, Celso está presente”, gritaron sus admiradores cuando llegó el ataúd con su cuerpo.

Las instalaciones del recinto religioso fueron insuficientes para dar cabida a la gente que quería estar cerca de él.

Algunos llevaron pancartas y playeras en donde expresaban su admiración por el artista que fue capaz de hacer bailar al Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez al ritmo de su música.

En entrevista, su viuda Juany Ortiz  compartió que Celso siempre recordaba cuando Gabo bailó al ritmo de sus temas en una cena celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo (Marco).

“Su música la llevo a todo el mundo a raíz de que hizo bailar a Gabriel García Márquez”, dijo la viuda del músico, quien aseguró que fue ese momento cuando entró por la puerta grande al mundo de los “fresas”.

“We, we, we”, su tradicional grito también se escuchó a lo largo de la misa- homenaje, que también incluyó un recorrido que abarcó varias calles del sector hasta concluir en la 7ª avenida del Cerro de la Campana.

Hombres, mujeres y niños se rindieron ante “el Cacique de la Independencia” y se unieron en un festivo cortejo, que había sido anunciado con antelación por Tuna Group, la empresa que lo representó los últimos años de su carrera.

Su despedida tuvo los ingredientes del adiós de una figura del pueblo, la gente se volcó en cariño y  cantaron sus temas con el sentimiento de un himno.

Finalmente, el cuerpo de Celso regresó a las capillas en donde sería cremado. Sus cenizas serán esparcidas en el rancho Macondo, que se ubica en Allende, tal y como era su voluntad.