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El respaldo militar de Moscú a Damasco no obedece sólo a razones geopolíticas, sino también a motivos más de índole particular: reportar abundantes ganancias a los empresarios predilectos del Kremlin

Moscú. A cambio del apoyo militar que presta Rusia al gobierno de Bashar Al Assad, magnates rusos que forman parte del primer círculo de afectos del presidente Vladimir Putin obtuvieron jugosos contratos en Siria.

De acuerdo con información en poder de Fontanka –portal noticioso con sede en San Petersburgo– una cuarta parte de todo el petróleo y el gas de cualquier yacimiento, ahora en poder del llamado Estado Islámico, será para Yevgueni Prigozhin, una de las personas más cercanas al mandatario ruso, en caso de que un grupo de paramilitares vinculado con él pueda expulsar de ahí a los enemigos del gobierno sirio.

Además del cobro en especie, la enigmática Euro Polis S.A. se compromete a custodiar esos yacimientos recuperados, así como las refinerías y otro tipo de infraestructura del sector, recibiendo por separado el pago puntual por los servicios de sus combatientes.

Fontanka asegura que esa empresa –creada ex profeso a mediados del año anterior– pertenece a Prigozhin, considerado “el cocinero de Putin” por beneficiarse de manera casi exclusiva con los contratos de suministro de alimentos para el ejército ruso y con la organización de los banquetes ofrecidos por el Kremlin, lo cual le permitió amasar una considerable fortuna.

El multimillonario Prigozhin tiene intereses en los más variados ámbitos y su nombre apareció en algunos periódicos rusos como propietario de una “fábrica de troles en Internet” que –a cambio de un salario, de 9 de la mañana a 6 de la tarde todos los días– inundan desde un edificio de oficinas en San Petersburgo las redes sociales y la prensa extranjera con cartas y mensajes en favor de la política oficial de Rusia.

Asimismo, se comenta que Prigozhin tiene mucho que ver con la creación de la Compañía Privada Militar de Wagner, que llegó a tener una intensa participación en los combates en Ucrania junto con los separatistas y, de un tiempo para acá, es más activa en las operaciones que realiza en Siria del lado de las fuerzas de Al Assad.

Este grupo paramilitar, encabezado por el teniente coronel retirado Dimitri Utkin (conocido por su alias, Wagner) y formado por antiguos miembros de las unidades de élite del ejército ruso, no guarda relación oficial con ninguna dependencia de Rusia.

Sin embargo, sus principales comandantes han recibido condecoraciones de manos del propio presidente Putin, con quien aparecen fotografiados en una reciente ceremonia en el Kremlin en honor de los “voluntarios” que contribuyeron a crear las condiciones para celebrar el referendo que certificó la incorporación de la península de Crimea a la Federación Rusa.

El otro magnate afortunado, con los negocios al cobijo de la operación militar de Rusia en Siria, es Guennadi Timchenko –portador de pasaporte de Finlandia, ex residente fiscal en Suiza y compañero de Putin en la estación del espionaje soviético en Dresde, cuando aún existía la República Democrática Alemana–, una de cuyas numerosas empresas comenzó ya a trabajar en dos yacimientos de fosfatos en suelo sirio.

Con ayuda de los mismos paramilitares de Wagner, la empresa STG, filial del consorcio Stroitransgas –perteneciente a Timchenko y que desde hace años tiene firmados convenios para construir gasoductos en Siria, suspendidos por la guerra y que, como está estipulado, se llevarán a cabo cuando la situación lo permita– comenzó a operar al suroeste de la ciudad de Palmira.

Expulsado el Estado Islámico de esos yacimientos, a fines de mayo llegaron al puerto de Tartus, sede de una base naval del ejército ruso, equipos para extraer y producir fosfatos, en tanto a comienzos de junio entró en vigor otro contrato con Stroitransgas que se ofreció para proteger y transportar el gas sirio.

Ninguna de estos consorcios rusos ha desmentido sus negocios en Siria, mientras el Ministerio ruso de Energéticos se negó a proporcionar los documentos firmados al decir que contienen “secretos corporativos”.

Ejemplos como éstos demuestran que el respaldo militar de Moscú a Damasco no obedece sólo a razones geopolíticas, entre otros a la intención obvia de consolidar las bases militares que obtiene en el Mediterráneo, sino también a motivos más de índole particular: reportar abundantes ganancias a los empresarios predilectos del Kremlin.