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Entre marzo y mayo, 19 víctimas femeninas fueron asistidas para huir de sus agresores

Poner a salvo a una mujer que sufre violencia implica la aplicación de un protocolo para que ella y sus hijos puedan escapar del agresor sin ser todavía más lastimados.

Al recibir una llamada o mensaje de texto de una mujer vulnerada, la Red Nacional de Refugios (RNR) implementa un plan de seguridad para que la víctima salga de casa, por ejemplo, cuando el agresor se esté bañando o esté dormido.

La mujer debe ir a un lugar público y abordar un vehículo, cuyo conductor se identifica mediante una palabra clave; la víctima en todo momento está en la línea telefónica con gente de la RNR.

Muchas de ellas ni siquiera conocen el lugar y eso ha dificultado en algunas ocasiones, por eso es que seguimos contactándolas por teléfono, no saben en dónde se encuentran, cuáles son las calles cercanas”, dijo Wendy Figueroa, directora de la RNR.

Posteriormente es trasladada a un centro de atención externa y de ahí a una casa de las cinco de emergencia para que permanezca 14 días en espera de que no presente sintomatología por COVID-19.

De no dar positivo al virus, es llevada a un refugio donde permanece hasta que ya no esté en riesgo, para luego ser enviada a una casa de transición a manera de último filtro, antes de retomar su vida.

Este tipo de rescates aumentó durante la pandemia, ya que mientras la Red realizaba en promedio uno al mes, del 17 de marzo al 17 de mayo ha tenido que poner a salvo a 19 mujeres, 15 de ellas con hijos.

Cuatro casos se registraron en el Edomex; siete en la CDMX, dos en Morelos, dos en Puebla, dos en Chiapas, uno en Guerrero y otro en Hidalgo.

Una de las víctimas rescatadas huyó de su hogar por miedo a su agresor, quien pertenece al crimen organizado. Estos rescates se suman a las canalizaciones que se realizan a los refugios todos los días; la Red atendió en sus espacios a seis mil 978 mujeres durante los dos primeros meses de confinamiento, que representa 77 por ciento más que en 2019.