Tres veces hacía sonar el silbato de su locomotora el maquinista a su llegada al pueblo. Le preguntaban: “¿Lo haces para avisarle a tu señora que ya estás aquí?”. “No –respondía-. Lo hago para que el sancho tenga tiempo de salir de mi casa sin que me lo tope yo en ella”. Con ese nombre, “sancho”, se conocía al querido de la esposa ajena. En algunas partes se le llamaba Patadelana, por el tácito paso con que entraba y salía del domicilio de la amante. También se le nombraba “El pendiente”, pues la mujer del marido coronado le decía a éste: “Avísame a qué horas vas a llegar hoy en la noche, para no estar con el pendiente”. Doña Macalota no hizo lo que el maquinista aquél. Quiero decir que no le informó a don Chinguetas, su marido, de la hora en que iba a llegar a la casa después de un viaje que hizo. Esa omisión fue causa de que cuando la señora entró en la alcoba halló a su casquivano cónyuge entrepernado con una dama que ni siquiera alcanzó a cubrirse el rostro. “¿Por qué me haces esto? –le reprochó doña Macalota a su marido-. ¡Y con mi mejor amiga!”. Don Chinguetas se defendió: “¿Y qué querías? ¿Que te lo hiciera con tu peor enemiga?”… Aves del mismo plumaje son Trump y López Obrador. Populistas ambos, inventores de falacias, propiciadores de la discordia y de la desunión. Da grima tener que hablar todos los días de AMLO –y más grima ha de dar leer lo escrito-, pero es que diariamente, en virtud de sus cotidianas comparecencias mañaneras, el presidente da motivos para que se hable de él. Guardó silencio ante la embestida que hicieron al Capitolio en Washington los partidarios de su amigo Trump, y en cambio condenó a quienes en cumplimiento de la ley le quitaron a éste la tribuna desde la cual estaba instigando a sus mesnadas a la violencia y a la sedición. El magnate norteamericano, por su parte, tuvo palabras elogiosas para López Obrador; las palabras de un patrón al despedirse del colaborador que le sirvió con eficacia y obsequiosidad. Pesarán esas expresiones de alabanza en la futura relación de México con el país vecino. Beso del diablo, como dicen, habrán de ser los piropos de Trump al mandatario mexicano. En modo irreflexivo AMLO se puso abiertamente del lado del perdedor, no obstante sus continuas prédicas sobre la no intervención en los asuntos de otras naciones. Todos los mexicanos pagaremos las consecuencias de su error. Con independencia de cuál haya sido el dictamen sobre el presidente yanqui, lo cierto es que Trump está ya condenado a ir al basurero de la Historia. Tal es ineluctablemente el destino final de los autócratas… Una señora pidió en la farmacia 100 gramos de glicerina, sustancia lubricante. Sin que el farmacéutico se lo preguntara comentó la mujer: “Mi marido y yo la usamos para propósitos sexuales”. “¿De veras?” –se desconcertó el de la farmacia al oír la inesperada manifestación. “Sí –confirmó ella-. Untamos por fuera la perilla de la puerta de la recámara, y así nuestros hijos pequeños no la pueden abrir cuando estamos haciendo el amor”… Aquel muchacho se inquietó al ver que su linda acompañante pedía los platillos más caros de la carta en el elegante restorán. Cuando le presentaron la cuenta empalideció. Le preguntó ella: “¿Te sientes mal?”. “Sí –respondió el galán-. Debe ser por algo que tú comiste”… Florencina, la enfermera del doctor Ken Hosanna, le indicó: “En la sala de espera está una mujer con un chichón tremendo”. “Pásemela inmediatamente” –pidió el facultativo. Al terminar la consulta el galeno llamó a la enfermera y le ordenó con acritud: “La próxima vez use la palabra ‘hematoma’”… FIN.