Son los candidatos oficiales: Joe Biden, demócrata y Donald Trump, republicano. La elección será el 3 de noviembre, pero esta vez las posiciones son totalmente extremas. De hecho los demócratas han tratado de remover a Trump desde el día en que ganó la elección hace casi cuatro años.

Intentaron colgarle una conspiración con Rusia para ganar la elección de 2016. Luego lo acusaron por una llamada telefónica con el presidente de Ucrania y llevaron eso a juicio de desafuero. No lograron su cometido. Ahora siguen maniobrando para cargarle todas las culpas de lo negativo que sucede en Estados Unidos, desde las muertes por coronavirus, hasta los muertos en las protestas callejeras en algunas ciudades de Estados Unidos.

El encono de los demócratas es algo nunca visto. Por eso digo que no solo está en juego el futuro de los Estados Unidos, sino del planeta entero. Las ideas que compiten conducen a resultados muy diferentes. Trump está defendiendo la libertad, mientras Biden está luchando por un gobierno cada vez más grande y más entrometido y populista. Biden es el AMLO americano.

La lucha también confronta la idea de evolucionar hacia un gobierno global versus la idea de que cada país debe ejercer su soberanía económica y tratar de ser auto-suficiente. En este punto, Trump se convierte en el único defensor que se opone a la creación de una burocracia mundial auspiciada desde la ONU y la cumbre de Davos.

No me extraña, pues la ONU es el máximo ejemplo de una burocracia cuya misión es auto-generarse trabajo. Entre otras cosas, desde la ONU se promueve la promiscuidad sexual y el aborto como herramientas en contra del crecimiento de la población.

En otro tema, el del cambio climático y una economía de contenido social, la ONU y los multimillonarios que se reúnen en Davos tienen como aliado al Papa Francisco quien tiene como asesor a Jeffrey Sacks, un conocido economista con ideas de izquierda. O sea que, duele decirlo, el Papa Francisco comparte el pan y la sal con aborteros e infanticidas.

En los últimos 90 días, desde la muerte de George Floyd a manos de un policía las protestas han generado ya muchos más muertos y cientos de policías lastimados. Toda esta agitación proviene de grupos simpatizantes con los demócratas. Las manifestaciones violentas han sido transmitidas por televisión bajo la premisa de que le podrán colgar el milagro a Trump y así hacerlo perder la elección.

En resumidas cuentas, los demócratas con tal de evitar la reelección de Trump, ya que no lo pudieron remover antes, recurren a todo tipo de maniobras, con la total complicidad de los principales medios de comunicación de Estados Unidos. Trump los identifica como fake news. Son los mismos que promueven la idea de que Trump es el culpable de que se suspendan eventos deportivos.

El hilo conductor que siguen los demócratas es destacar agravios. No hay como señalar agravios para generar votantes inconformes. Trump, dicen, ataca la democracia, mata gente con el mal manejo del virus, y además es racista.

Biden se ha encerrado en su sótano durante meses. Solo hace un par de días se dio cuenta que las fake news no lo pueden hacer ganar la elección. Pero, cuando salga y se note su ancianidad las encuestas van a tomar otra dirección.

Hace cuatro años, Trump estaba peor que hoy en las encuestas y sin embargo, le ganó a la señora Hillary Clinton, la archi-favorita de las fake news. Faltan los tres debates mano a mano para que las facultades intelectuales de Biden sean sometidas a prueba.

Me permito anticipar que Donald J. Trump va a reelegirse. Si hace cuatro años era un misterio cómo gobernaría, hoy su récord de logros es extremadamente nutrido.

Claro que puede haber sorpresas y las fake news seguirán incansablemente atacando y torciendo las noticias como lo hicieron hace cuatro años. Y sin embargo, Estados Unidos es el único país en el que la libertad personal es el principal motivador de su estructura constitucional. Si Biden gana, será decir adiós a los Estados Unidos como ha sido desde su fundación hace dos siglos y medio.

javierlivas@gmail.com