Mi amiga Charo es una trabajadora doméstica que conocí en la calle.
Un día y otro también coincidimos en el colectivo y en nuestra ruta de camino a nuestras chambas.
Charo es una señora gordita que tiene esa gordura bonachona de algunas gorditas.
Es morocha.
50 o cuarentaitantos años.
Un día y otro también Charo y yo conversamos mientras caminamos.
Vaya las cosas que platica Charo.
Que hoy no tenía ganas de levantarse.
Que ya no quiere ir al trabajo.
Que su columna vertebral ya no le da para más.
Que su su patrona ya la tiene hasta la madr...
Pero que ni modo, necesita el dinero.
Charo trabaja de sirvienta desde que era niña 
Casi desde que tuvo uso de razón.
En su casa eran bastantes y había que entrarle a lo que fuera para comer.
Por eso Charo dice que ya está cansada.
Cuando no le duele la chompa, siente las piernas como trapo.
Y luego esas gripas, y luego las anginas.
Con todo y eso Charo siempre se está riendo.
Y me hace reír a mí con sus ocurrencias y anécdotas.
Que su patrona es bien jodona.
Que le paga una baba.
Que ya tiene 20 años trabajando con ella y no le tiene Seguro.
Pero eso sí, muy exigente la vieja méndiga, con perdón de usté.
Ah, cómo me río de Charo.
Que por cierto las desgracias de Charo no son pa que le hagan gracia a nadie.
Pero de plano la otra vez sí me hizo desternillar.
Por esos días había llovido mucho, recuerdo.
Y pos no cree que a la patrona se le ocurrió que Charo se pusiera a palmear los 
árboles.
Ponte a palmear los árboles Charo.
O sea que Charo se pusiera a darle de golpes a los árboles empapados con una escoba o un palo pa tumbarles el agua de lluvia.
¿Uste cree?
Ah, pero eso sí que no afloja nada la patrona.
Y cuando presta dinero a uno, híjole, es una agiotista de lo peor.
Pero Charo no la deja.
Y hasta ha llegado a tomarle alguna estima.
Con todo y que Charo amenazó hoy con no presentarse mañana en casa de la patrona.
Que se joda la vieja, dijo Charo.
Pero siempre regresa.
No hay día que no la tope yo en el camión

Y a soportar su cantaleta que ya parece disco rayado

Ay si viera que no quería venir
 
Vieja jija de patrona

Y es el cuento de nunca acabar

 

Jesús Peña
SALTILLO de a pie