Productividad hace mención al resultado de la producción, la combinación de materias primas, productos intermedios, otros insumos y fuerza de trabajo, en fases subsecuentes, continuas y ordenadas para obtener un bien o servicio concreto y ofrecerlo al mercado; en estricto sentido es resultado de transformar la materia e integrar las partes en la unidad producida y en el volumen total.

Con más capacidad de producción en un tiempo determinado, se hace referencia a la efectividad de la inversión de capital, que se concreta en ganancia obtenida posterior al retorno del mercado; desde esta perspectiva son productivos todos los factores que intervienen en la producción: materias primas, insumos, depreciación de maquinaria y equipo, productos de consumo intermedio, trabajo directo e indirecto y gastos externos a la producción.

La productividad debe garantizar que se obtenga más valor económico agregado, en la unidad y en el total de unidades: no es lo mismo las partes por separado con menos valor, que la unidad integrada con más valor.

En general, en la producción directa, se debe obtener menor tiempo de producción por unidad para más producción y acceder más pronto al mercado; calidad como utilidad efectiva del bien o servicio; reducir los costos a su mínima expresión para precio competitivo; y no sobre ofertar el mercado que afecte negativamente el precio y la ganancia esperada.

Con sus capacidades físicas e intelectuales, única y exclusivamente la fuerza de trabajo obtiene los resultados anteriores. La fuerza laboral es materia viva pensante, los medios de producción son materia muerta para su transformación e integración. Entre los factores de producción, sólo la fuerza de trabajo es productiva. Polémica permanente en economía.

Por eso la innovación tecnológica en la línea de producción (maquinaria y equipo) establece condiciones para incrementar la productividad de las y los trabajadores, con más producción con calidad y menos costos salariales, como tendencia permanente en el capitalismo en tres escenarios de trabajo: la fuerza de trabajo contratada produce más; igual producción, pero con menos fuerza de trabajo; y más producción con menos trabajadores.

Es decir, la inversión de capital en innovación debe generar más productividad de la mano de obra por persona, pero no es del todo cierto que el incremento productivo se refleje en el monto salarial, México es un caso de lo anterior, porque en más de tres décadas el salario mínimo se ancló a la proyección anual de la inflación, así en tres décadas se perdió 63% del poder adquisitivo. La inversión en innovación se refleja en la productividad de la mano de obra.

En todo caso, y en estricto sentido, la efectividad del proceso de producción debe reflejarse en la acumulación del capital, es decir la rentabilidad de la inversión directa, pero dicha acumulación depende de la capacidad y aptitudes de quienes crean más valor, porque con su trabajo transforman la materia e integran las partes.

En crisis económica, como la contención de las cadenas productivas y de comercialización generada por la pandemia actual, la dialéctica de la base laboral con los medios de producción resulta en reducción de la productividad respecto a periodos anteriores.

En México, según Inegi, de 2010 a 2018 la tasa de crecimiento promedio de inversión en capital fijo fue sólo de 1.55 en la inversión privada y 19.04 en la inversión pública, por tanto, la productividad laboral de 2011 a 2019 fue sólo de 0.93 y a octubre de 2020 de 1.5 promedio, ésta última porque, paradójicamente en pandemia, en el segundo trimestre creció 11.1%.

La perspectiva de la productividad como un aspecto fundamental del curso de la economía depende de la visión ideológica y de los indicadores técnicos con que se mida y analice.