Se sigue hablando de revisar el pacto fiscal, de convocar a una “convención nacional fiscal” y lo único que es claro que existe una terrible confusión, parece increíble que después de tantos años, incluso mediáticamente se planteen lugares comunes, pero una convención de las haciendas públicas no es un proceso sencillo, requiere mucho trabajo, muchos actores y voluntad para realizarla y lograr consensos que no dejen a ningún orden de gobierno disminuido en favor de los otros. 

Los antecedentes son conocidos: tres convenciones nacionales fiscales y una única Convención Nacional Hacendaria en 2004.

No es un proceso sencillo, significa remodelar relaciones intergubernamentales, para apoyar el desarrollo de las generaciones futuras, y el desarrollo armónico de la nación.

Fue un proceso largo, de discusión y acuerdos políticos, con una gran voluntad de las partes para realizarla, siendo siempre el objetivo contar con tres órdenes de gobierno fiscalmente fuertes, no avanzar en el desarrollo de uno, a costa de la debilidad del otro.

En la Declaratoria a la Nación, presentada al final de la Convención, se da cuenta de los 341 acuerdos de consenso, así como de las 50 acciones ejecutivas.

Se decía en el Manifiesto que “En la construcción de este federalismo renovado, se impone la necesidad de llevar a cabo una reforma hacendaria, que genere una nueva corresponsabilidad política, económica y administrativa entre los gobiernos federal, de las entidades federativas y municipales; que se traduzca en más y mejores servicios para los ciudadanos; una reforma hacendaria que conlleve al fortalecimiento de sus haciendas públicas y a la solidez financiera del país, condición necesaria para impulsar en forma sostenida el crecimiento económico, la inversión y el empleo, así como el desarrollo equilibrado de la nación; una reforma hacendaria que garantice la total transparencia en la ejecución de los recursos aportados por los contribuyentes…”.

Los gobernadores hicieron el planteamiento inicial, cuyos propósitos están plasmados en la Declaración de Mazatlán, después el titular del poder ejecutivo federal y los titulares de los ejecutivos de las entidades federativas suscribieron la Declaración de Cuatro Ciénegas, “en la que manifestaron su voluntad para construir juntos, mediante amplios consensos y con pleno respeto a las atribuciones del Poder Legislativo Federal y del Constituyente Permanente, una renovación del sistema federal mexicano, y de ahí  el gobierno federal, las entidades federativas y los municipios, “acordaron convocar conjuntamente la celebración de la Primera Convención Nacional Hacendaria, que condujera a una reforma hacendaria fundamentada en una nueva corresponsabilidad política, económica y administrativa entre los órdenes de gobierno…

La Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales fue fundamental.

La Convención Nacional Hacendaria requirió varios procesos: primero lograr el consenso para realizarla a partir de la propuesta de los gobernadores, elaborar un diagnóstico en que la Comisión Permanente de Funcionario Fiscales, con el apoyo de INDETEC, el cual aprobado por la UCEF y los secretarios de finanzas de las entidades federativas. Asimismo, constituir el Consejo Directivo que fue la máxima autoridad de la Convención, así fue el órgano decisorio de la misma: participaron en el mismo, el Presidente de la República, los gobernadores, los presidentes de las Cámaras de Diputados y de Senadores, tres secretarios de estado, tres presidentes municipales, comenzando los trabajos en Juriquilla, Querétaro el 5 de febrero de 2004. 

Se crea una dirección ejecutiva y una coordinación técnica que fue INDETEC. Elegir un secretariado técnico integrado por el Secretario de Hacienda y dos secretarios de finanzas, los de Coahuila y Chihuahua.

Luego se definirían las mesas de trabajo que fueron siete…

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