La violencia, en todas sus expresiones, sigue enrojeciendo el mapa mexicano. El clamor para ponerle freno a este aberrante lastre sigue resonando hoy en un país que, por desgracia, ha convertido el conteo de muertos en el deporte nacional: más de 100 mil por la pandemia del COVID-19, 29 mil 182 por homicidio doloso y 801 por feminicidio con las cifras cerradas a octubre. Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cobra un especial significado, pues se cumplen exactamente 60 años del hecho que originó la efeméride: el asesinato de las hermanas Minerva, María Teresa y Patria Mirabal, símbolos de la resistencia en contra del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. 

En México, por desgracia, la violencia de género se inscribe en una sistemática espiral que no da tregua. Hace unos días, en el marco de la publicación del informe “Impunidad en homicidio doloso y feminicidio en México: reporte 2020”, conversé en entrevista radiofónica con el doctor Guillermo Zepeda Lecuona, académico, especialista en Sociología del Derecho, autor de “Crimen sin Castigo” e investigador de Impunidad Cero. Durante la conversación, brotó un diagnóstico contundente: “el aumento en el número de homicidios está desbordando la capacidad del estado mexicano para investigar. Hace cuatro años la capacidad instalada en México para investigar los homicidios no daba para más de 4 mil 500 personas procesadas y sancionadas por este delito al año, independientemente de que se cometan 10 mil, 20 mil o más de 30 mil como el año pasado”.

Esa rebasada capacidad del Estado mexicano para hacer frente a la espiral de violencia trae como consecuencia lógica los atroces índices de impunidad que año con año repetimos como si se tratara de un mantra. El reporte arroja que además de las 34 mil 608 víctimas de asesinato en el País, la impunidad reportada para el homicidio doloso fue del 89.6 por ciento, mientras que para el feminicidio fue de 51.4 por ciento. 

Los estados más impunes por homicidio doloso fueron Morelos (99.6 por ciento), Oaxaca (99.4 por ciento) y Guerrero (98.8 por ciento) y por feminicidio Baja California sur (100 por ciento, es decir no castigó uno solo de estos delitos), Guerrero (93.8) y Jalisco (86.7).

Por el contrario, los menos impunes en homicidio doloso fueron Yucatán (24.4 por ciento), Nuevo León (35.9) y Aguascalientes (42.4), mientras que por feminicidio los menores niveles de impunidad los reportaron otra vez Yucatán (0 por ciento), Guanajuato (0 por ciento) e Hidalgo (10 por ciento). El caso de Guanajuato llama la atención, ya que si bien no tuvo impunidad en la atención de feminicidios, es el cuarto estado del País con la mayor tasa de homicidios dolosos, con 57.3 por cada 100 mil habitantes. En el panorama mundial, México ocupa el sexto lugar en homicidios por cada 100 mil habitantes con 29.1 por cada 100 mil habitantes, sólo por debajo de El Salvador (52.0), Jamaica (43.9), Honduras (38.9), Venezuela (36.7) y Sudáfrica (36.4). Con esas realidades nos codeamos.

El problema es que pareciera que nada se está haciendo por contener el espectáculo de horror que se presencia en casi todos los rincones del País. El doctor Zepeda lo expresa así: “No se está haciendo nada para contener el homicidio. La media internacional es de 5.8 homicidios por cada 100 mil habitantes y nosotros la sextuplicamos. No hay mecanismos para que la sangre no llegue al río. 

Esta espiral, en ausencia de la intervención de la autoridad y de la contención de la sociedad, muestra que no se está haciendo nada para reducir el número de homicidios y se deja a su suerte a población vulnerable (...) Hay mucho que se está dejando de hacer a nivel de organización. No podemos seguir combatiendo la criminalidad del siglo 21 con un pie y medio en el siglo 19: todavía por oficios, haciendo investigaciones epistolares y de gabinete y con menos investigadores haciendo pesquisas en la calle”.

En cuanto a la violencia de género, si bien las recomendaciones internacionales apuntan a que todo asesinato de mujer se tipifique automáticamente como feminicidio aún si de inicio no queda claro que el crimen se cometió en razón de género, actualmente ello sólo ocurre en el 26.4 por ciento de los casos.

El País va décadas atrás en el combate y la prevención de la violencia, la capacidad institucional está rebasada y en buena parte de la sociedad permea, por desgracia, la certeza de que la corrupción y la impunidad son enemigos invencibles. No obstante, habrá qué partir de un fundamento lógico, que sin embargo parece ir a contracorriente. El doctor Zepeda lo resume así: “No se puede el País acostumbrar a estos niveles de violencia, simplemente porque no son normales”. Que no siga siendo el conteo de muertos nuestro deporte nacional.

Manuel Serrato

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