El proceso de paz en Colombia no es cosa menor para América Latina, se trata en realidad de un ejercicio que resultaría increíble para cualquier País del mundo, porque las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Ejército del Pueblo FARC-EP fundadas el 14 de mayo de 1964, cuando se autoproclamaron una guerrilla marxista-leninista, son consideradas por expertos en Seguridad Nacional como un grupo terrorista. 

Para entender su historia es necesario recordar que mucho antes de 1964, las organizaciones de grupos campesinos, olvidadas por el Gobierno central y sumidas en la pobreza, se habían autoproclamado “republicas independientes”. 

El entonces presidente Guillermo León Valencia mandó bombardear la zona en que se situaba el principal grupo de “liberales y comunistas” a quienes el Gobierno quería eliminar.

Además, el extraordinario momento que vive Colombia respecto al proceso de paz, es fundamental  conocer la historia; este grupo armado es un ejército dirigido por un secretariado de siete miembros, cuyo actual dirigente es Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”. El ha firmado la paz en Cuba y antes fue señalado como líder de secuestradores y asesinos. 

Todas las investigaciones serias demuestran que las FARC-EP, para sobrevivir a lo largo de los años, se convirtieron en reproductores de un modelo de capitalismo criminal similar al que vemos en México y en otros Países del mundo; ni salieron de la pobreza, ni crearon una nueva cultura política de igualdad. 

Las FARC-EP en 2010, tenían gran influencia en 24 de los 32 Estados que conforman el País. Los diferentes grupos de las fuerzas armadas se dedicaron a lo largo de estos años a guerra de guerrillas, al narcotráfico, a la minería ilegal; colocaron en diversas regiones minas unipersonales, pusieron bombas que acabaron con la vida de soldados y civiles, destruyeron puentes y carreteras, pero han sido mundialmente conocidos sobre todo por los secuestros con fines de extorsión política.

Según la ONU, este grupo es responsable del 12% de los asesinatos de civiles del Conflicto Armado de Colombia. Durante años, han hecho reclutamiento forzoso de niños y niñas (menores de 18 años); según Human Rights Watch al menos, el 30% de sus efectivos son infantes que fueron cooptados forzosamente como esclavos de guerra.

A lo largo de estos años, las organizaciones civiles y expertas en DH de Colombia han hecho un trabajo ejemplar para fomentar el diálogo por la paz, y aunque en las fotos de los diarios salgan siempre los hombres de las cumbres hablando de las negociaciones para el fin del conflicto, en las calles, en los pueblos más remotos, en las agencias de atención a víctimas del Estado colombiano, han sido las mujeres quienes han creado todos los programas de atención a personas desmovilizadas (desertoras), de apoyo a familiares y estudios sobre paz y  desplazamientos forzados. 

Sin las mujeres colombianas este momento histórico sería imposible. Gracias a los programas de reintegración se desmovilizaron (desertaron) de las FARC más de 15 mil personas en los últimos años. Es decir este ha sido un largo proceso estratégico de pacificación.

Los políticos anunciaron el 23 de junio de 2016, que el Gobierno y guerrilleros luego de 4 años de negociar el fin del conflicto llegaron a un acuerdo de cese al fuego y reintegración de las y los miembros de la guerrilla a la vida civil y a un partido político que les representará legalmente. 

Ahora falta que la sociedad colombiana diga SI en el plebiscito en el que todo el pueblo decidirá si por fin aceptan que los guerrilleros devengan en civiles, que se lleve  a cabo un largo proceso de justicia restaurativa y perdón colectivo. 

Las reglas de reintegración son complejas y hay mucha gente interesada en evitar el fin del conflicto, esto necesariamente habrá de revelar otros problemas. Como sea, negociar con un grupo que el sector Defensa había considerado terrorista, es en sí mismo un hecho histórico para las personas interesadas en la cultura de paz; abrirá las puertas a nuevos debates sobre estrategias de salida de las guerras internas y de la economía de la violencia.