Guardamos cosas en nuestro corazón, recuerdos maravillosos y recuerdos que nos hieren. Algunas de esas cosas las seguimos cargando el día de hoy

El dolor, el sufrimiento y las injusticias son inevitables… son cosas de la vida. Pero en nuestras manos está la posibilidad de limpiar nuestro corazón, para que lo malo y desagradable no quede manchándolo y oscureciendo nuestros días.” Parece que fue ayer cuando comenzábamos a escribir la historia de 2017. Un año lleno de recuerdos, memorias, alegrías, tristezas, experiencias aprendidas. Situaciones que nos han tocado, fortalecido, sensibilizado, y marcado. Experiencias que nos tocan atravesar, y que en ocasiones por no saber cómo manejarlas, pueden conducirnos a estancarnos en el desazón. Guardamos cosas en nuestro corazón, recuerdos maravillosos y recuerdos que nos hieren. Algunas de esas cosas las seguimos cargando el día de hoy. Las cargamos y se ven reflejadas en ese enojo, culpa, rencor… que nos mantiene aislados o lejanos de alguien, nos mantiene tristes o desencajados, nos mantienen en el desánimo y la desgana. Tapar las heridas se convierte en la manera de mantenernos estables pero no tranquilos, ocupados pero no en paz. Tapar y tragar eso que nos costó tanto, se convierte en una mochila llena de piedras que tenemos que cargar a diario.

Piedras que nos van ocasionando contracturas en la espalda, nos van impidiendo avanzar por el dolor interno, nos van haciendo más pesado el camino. ¿Qué deseo para Navidad? Esta fue la pregunta que me hice hace unos días delante de Jesús y quise preguntarle… ¿Qué tiene que soltar mi corazón para ser digno de recibirte? ¿De qué debo vaciarme para que puedas nacer en mi corazón? ¿Cómo puedo purificar mi corazón para que desees tocar la puerta de mi casa, elegir mi hogar como tu portal, como tu Belén, para quedarte y sentirte en casa? Hoy es el día de dejar ir todo eso que nos impide ver la luz. Hoy es el día para comprender que nuestra vida será mejor si sacamos de ella todo lo que acumulamos y sólo estorba, entierra, infecta y envenena. Hoy es el momento que Dios me da para sanar, para prepararme, para caminar junto con José y María en este camino hacia Belén. ¿Cuáles tareas pendientes? ¿Qué malos sentimientos habitan en mi y en mi actuar estos días que contaminan mi ambiente? ¿Cuál es la verdadera causa de mis lágrimas? ¿Qué me aleja de la paz? ¿Qué tengo pendiente, inconcluso, que me genera esa ansiedad? Cuantas veces nos atoramos en los días grises, nos enfrascamos pensando que cada día que pasa ocurre algo malo. Si tu no puedes ir más allá, detente y comienza por hacer un balance. Vale la pena soltar esa culpa que no te deja vivir, ese látigo con el que te has golpeado. Es momento de empezar de cero, de renovarnos, de permitirnos dejar todo eso que nos ata y fijar nuestra atención para identificar que valor, que don, que regalo interior poseo para ofrecérselo al Niño Dios, para vivir una Navidad con un sentido real. Cuando acumulamos odio, rencor, enojo, injusticias, resentimientos en nuestra mente y en nuestro corazón, vamos permitiendo que estas carcoman nuestro corazón y nos alejen de amistades, pareja, hijos, nueras, incluso de Dios. Todo esto podemos recuperarlo si volvemos a tener luz. Todo corazón humano se purifica, se limpia, se renueva. Para ser limpios de corazón solo hay que saber mirar con honestidad esa piedra, reconocerla, soltarla y perdonarla. La reconocemos y no permitimos que nos robe la paz. ¿Cómo está tu alma y tu corazón? ¿De qué cosas necesitas vaciarte? ¿Estás listo para comenzar el adviento? Te invito a ponerte delante de Dios y sanar eso de su mano, pidiéndole también que nos conceda ser dignos de que Él entre a nuestro corazón y ser el Belén que él elija cómo morada esta Navidad.