El corazón del periodismo son los reporteros. Los hombres y las mujeres afirmados en la línea de fuego para reconstruir la verdad periodística. Quizá por ello ahí están los 131 periodistas asesinados de 2000 a 2019 en México.

Pero ¿en qué condiciones trabajan esos reporteros? ¿Ha investigado algún académico “la precariedad de sus condiciones de trabajo” para denunciarlas? ¿O algún dueño de medio de comunicación se ha preocupado por reconocerlas y mejorarlas?

Un reciente texto de Carlos Bravo Regidor, publicado en Letras Libres, pone el dedo en esa llaga a partir de las siguientes realidades que enfrentan los reporteros en nuestro País.

1. Padecen una “normalización de la violación y de la desprotección legal” de sus derechos laborales.

2. Existe una relación inversa entre el bajo salario que reciben y el alto riesgo que, en muchas ocasiones, enfrentan para cumplir su trabajo.

3. El medio no los capacita en el uso de protocolos de seguridad que disminuya el riesgo de su trabajo.

4. Viven una “inestabilidad laboral” y una falta de desarrollo profesional, permanentes.

5. Padecen “descrédito social” ante las autoridades por la dependencia de los medios respecto a la publicidad oficial.

6. La ciudadanía los torna invisibles y no es “solidaria con sus causas”.

7. Coexisten cada día con una “normalización de hostilidad, agresión y violencia” en su contra.

De manera irónica, Bravo Regidor puntualiza que, a pesar de este entorno de hostilidad y victimización, “se afirma una delirante exigencia social de que los reporteros sean al mismo tiempo profesionales, incisivos, prudentes, comprometidos, independientes, rigurosos y valientes. Que sean impecables (es) la expectativa, a pesar de que tengan todo en contra. Como si hacer periodismo en México fuera un trabajo normal; como si no fuera, más bien, una improbable hazaña”.

¿Trabajará un gremio unificado de reporteros con los dueños de medios de comunicación para superar esta precarización de su trabajo que disminuye su valía profesional y pone en riesgo su vida? Ojalá. No hay de otra.

@Canekvin