Dormir nos permite que nos sintamos descansados todos los días. Mientras uno se entrega a “los brazos de Morfeo” (como coloquialmente nos decían nuestros abuelos), no solamente la mente y el cuerpo se ponen en modo neutral, “desconectados” temporalmente. Durante la noche, nuestros órganos vitales y los procesos internos trabajan para mantener el equilibrio en nuestro organismo.

El sueño es una actividad prioritaria en nuestras vidas. Es por ello que últimamente ha provocado alarma entre algunos padres de familia la recurrencia de insomnio en sus hijos. 

Expertos han encontrado que los casos de falta de sueño y nerviosismo en los niños a altas horas de la madrugada está muy ligado a la exposición previa a dispositivos electrónicos, sobre todo al caer el día. Y si son videojuegos violentos la relación causa-efecto es aún mayor.

En nuestro país no existe mucha investigación al respecto a pesar de que el insomnio infantil es un fenómeno que crece conforme la tecnología toma el control de nuestros hogares.

En otros países, como en Estados Unidos, sí han puesto atención a este respecto. La Academia de Pediatría de ese país recomienda, por ejemplo, que todas las pantallas (televisiones, computadoras, tablets y móviles) se apaguen media hora antes de ir a la cama. Recomienda incluso que los padres no permitan a sus hijos tener estos aparatos en sus dormitorios.

Algunos doctores han encontrado que aquellos preescolares y escolares que han estado sobre-expuestos a teléfonos o videojuegos desarrollan frecuentemente “terrores nocturnos”, sonambulismo y reacciones de defensa. Muchos padres llegan a pensar que sus hijos están “poseídos” cuando en realidad solo necesitan atención especializada.

La Academia de Pediatría recomienda poner énfasis en las horas de sueño. Por ejemplo, sugiere que los infantes (3 a 5 años) le dediquen por lo menos 11 horas a dormir, mientras que los niños de 6 a 14 años lo hagan en promedio de 9 a 10 horas.

Debemos considerar que la “hora de ir a dormir” es quizá la parte más importante del día. Es el tiempo de conversar unos momentos con nuestros hijos, darles retroalimentación positiva, externarles nuestro amor con un gran abrazo, con un beso y quizá alguna lectura corta y divertida. Es el tiempo de darles seguridad.

El buen sueño define no solo nuestra salud física, sino también mental y emocional. Y si es inducido de una manera amorosa en los niños los resultados serán muy positivos.