Foto: Internet.
El artista originario de Monclova presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey esta exposición retrospectiva sobre más de dos décadas de trabajo continuo

Este viernes 12 de marzo el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) abre sus puertas a un artista que nació en Monclova, Coahuila, pero se formó en la capital de Nuevo León y ahora es uno de los creadores mexicanos más importantes a nivel internacional: Mario García Torres.

“La poética del regreso” es el nombre de la muestra que, bajo la curaduría de Taiyana Pimentel, analiza la práctica de este artista a lo largo de 20 años de carrera, a través de su trabajo más temprano y de obras recientes, así como de otras tantas creadas ex profeso para esta institución.

La muestra, realizada con el apoyo de EFIARTES, reúne piezas tan variadas en su ejecución y temática que ejemplifican la curiosidad innata de de este creador, así como su inclinación por la experimentación conceptual. De estos procesos surgen propuestas como “Pinturas arruinadoras”, donde García Torres invita al espectador a tomar el riesgo de ver los finales de algunas películas destacadas a través de pinturas, o el proyecto de creación de una vocal inclusiva para el español, que facilite los problemas que actualmente se encuentran en la utilización de caracteres como “e” o “x” para propiciar una expresión no binaria, así como otras obras en las que más que ofrecer respuestas abre la puerta a la conversación y los cuestionamientos.

Montaje de una de las piezas en el museo. / Foto: Internet.

La exposición estará acompañada de una serie de actividades paralelas, entre las que destaca la charla introductoria que el artista ofrecerá el próximo martes 16 de marzo a las 17:00 horas en línea, para la cual se requiere un registro, demás de otras tantas cuya información se puede consultar en las redes sociales de MARCO.

En entrevista con VANGUARDIA, el artista conceptual nos habló sobre sus procesos, las reflexiones que han surgido producto de esta retrospectiva y, entre otras cosas, su relación con Coahuila. 

 

Tu obra varía tanto en temas abordados como en técnicas implementadas ¿cómo describirías tu acercamiento al proceso creativo de cada pieza?

“Cada pieza es una experiencia distinta, es de un interés específico. Hay historias que me interesan y que eventualmente se convierten en algo que tiene el potencial de decir algo para nuestra sociedad.

Las piezas no se producen sin tener una razón que, por lo menos a mí, me parezca que nos interese como sociedad en general. Hay intereses, historias, que la temática de cada pieza es una cosa y la función de esa pieza en la sociedad es otra. Es decir, habrá una pieza que versa sobre un artista pero que en realidad está hablando sobre repensar la idea del fracaso en la sociedad, por decir un ejemplo muy básico.

Y por otro lado a mí cada vez me parece más claro que la función del artista no es opinar de manera específica, sino más bien el artista es un medio que permite que ideas que están en la sociedad aparezcan.

Uno por más ideas que tenga en su estudio no hace sentido producir esas ideas hasta que no tengan un marco teórico en donde pueden vivir y para que aparezca ese marco teórico, me estoy refiriendo en específico a una exposición, a una función en una muestra, en un museo, es en la conversación con alguien más, donde potencialmente puede añadir a una discusión”.

Con esta retrospectiva, ¿qué reflexiones te han surgido sobre tu propia producción artística?

“Para mí es muy claro que la carrera ha ido cambiando radicalmente, en el sentido de que en un principio las piezas de hace 15 años, 18 años o 20 años, dependían de alguna manera de justificar la función del artista y de legitimarla a través de ideas más racionales y pretendían traer el conocimiento específico a la sociedad. Y eso se hacía con la intención de que fuera algo significativo para la sociedad y de entender al artista como alguien que es un agente en la labor de la sociedad. Y ahora, a través de los años, creo que ese tipo de rigor intelectual se ha ido abriendo. En ese momento no hacía nada al respecto hasta no tener muy claro las obras de arte y ahora cada vez me he ido permitiendo más generar un tipo de experimentación distinta, un espacio en donde si bien sigue estando basado en una herencia del arte conceptual sí ha cambiado a experimentar más, a que no se sepa el resultado de las piezas cuando uno empieza a trabajar y a estar conectado con otro tipo de emociones y de conceptos menos racionales, un poco más abiertos y más cercanos a nosotros como humanos”.

 

¿En todos estos años ha cambiado tu relación con el objeto y lo objetual?

“Me he acercado más a medios más tradicionales, me he empezado a abrir a espacios que tienen que ver con cosas táctiles, con materiales, con medios más objetuales y he empezado a tratar de ver la obra como un espacio de apreciación, de un espacio del cambio del tiempo y de la cotidianidad. Mi trabajo al principio era casi al cien por ciento en un escritorio frente a una computadora y creo que cada vez me acerco más a ese espacio más táctil”.

¿Cómo has visto la evolución del arte contemporáneo en general durante estos 20 años?

“El arte contemporáneo es un espacio que a mí me parece increíblemente interesante, uno de los pocos espacios donde la gente produce cosas sin tener un objetivo específico, utilitario, en nuestra sociedad, y eso creo que es muy rescatable. En el fondo hay esta gran discusión sobre el arte, en la que de alguna manera quiero pensar que participo y que va todo el tiempo redefiniendo y en ese sentido hay muchas variables, muchos trends. Creo que se conecta con lo que decía antes, en donde el arte es muy evidente cuando uno ve a las nuevas generaciones haciendo cosas distintas de lo que uno hace es evidente que lo están haciendo a través de la información a la que tienen acceso, del contexto y de la cotidianidad”.

 

¿Cómo es tu relación con Coahuila en términos de exhibición y de creación?

“En términos de exhibición es totalmente nulo. Nunca exhibo nada en Coahuila, es un lugar al que voy cada vez menos. Mi familia casi toda está fuera de Monclova. Pero por otro lado yo, desde hace casi 15 años, declaré un terreno en el centro de Coahuila como un museo conceptual; un museo que es solamente un terreno y no tiene paredes ni tiene techo ni tiene nada y eso sigue pareciéndome algo interesante. Aquí hay una pieza justo de ese proyecto, una escultura en forma de caracoles tirados en el piso, escultura que se dio, es un fenómeno natural que se da en ese lugar del desierto de Coahuila y que generó una pieza. Y cada vez estoy más interesado en ese tipo de acciones, ese tipo de obras de arte que suceden en la naturaleza y que es el contexto el que las genera, como un acto no dictatorial. En ese sentido creo que es mi conexión más cercana con Coahuila, y por supuesto me encantaría exhibir algo en Coahuila, regresar a Monclova, pero eso hasta ahorita no se ha dado y sí es un poco lejano”.