El presidente López Obrador, en Palacio Nacional, durante su tradicional conferencia de prensa matutina, el miércoles 22 de abril (Foto: Presidencia de la república)
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cargó este miércoles -una vez más- en contra de la prensa que le resulta incómoda. Dejó claro, en su alocución diaria desde Palacio Nacional, que en su opinión, la 'buena prensa' es la prensa militante, la que 'defiende' al gobernante en turno

Casi nada es noticia nueva con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Y no lo es porque al ser un individuo que habla mucho -y durante mucho tiempo- difícilmente puede externar una idea nueva.

Pero tampoco puede haber novedades en el discurso presidencial porque el titular del Ejecutivo Federal es un hombre de ideas fijas que ha sido muy claro al momento de explicarse a sí mismo: no cambiará de posición por mucho que sus críticos realicen señalamientos o la realidad aporte “otros datos”.

Por ello no puede asombrar el que ayer se lanzara, por enésima ocasión, en contra de prácticamente todo el gremio periodístico del país separando del conjunto apenas a un puñado de individuos a quienes reconoció distintos porque “defienden” a su gobierno.

Sin embargo, no por recurrentes deben dejar de señalarse sus desatinos y, sobre todo, los excesos en los cuales incurre. Sobre todo en este caso, en el que su discurso incumple en grado superlativo las responsabilidades constitucionales y legales que tienen como mandatario, así como los compromisos internacionales del estado mexicano en materia de Derechos Humanos.

El discurso estigmatizante del Presidente en contra de la prensa que le disgusta -porque no lo defiende- no solamente representa una falta a sus obligaciones legales. También genera condiciones de riesgo para los periodistas mexicanos, de por sí expuestos a niveles de violencia que no existe incluso en países que se encuentran en guerra.

Los periodistas entendemos y asumimos los riesgos de la profesión que hemos decidido abrazar. No nos sorprende que desde el poder público se descalifique nuestro trabajo o se instigue a la violencia en nuestra contra. Lo han hecho siempre, gobernantes de todos los signos ideológicos"

No se trata de un ejercicio “inocente” de la libertad de expresión, ni de lo que eufemísticamente López Obrador llama “su derecho de réplica”. Se trata de la alimentación irresponsable del clima de violencia que priva en el país y que no ha disminuido -antes ha aumentado- durante su gobierno.

López Obrador, está muy claro a estas alturas, no habla para todo mundo en sus “mañaneras”. Le habla a “su público”, a su audiencia, a quienes sí “le defienden” y en ese sentido alocuciones como las de ayer constituyen una instigación directa y sin maquillajes para que sus seguidores “actúen” en contra de la prensa que le disgusta.

Los ejemplos de cómo se traducen las expresiones del Presidente en agresiones concretas, en contra de los comunicadores que él condena desde su atril, son múltiples y han sido denunciadas por diversas organizaciones defensoras del derecho a la libertad de expresión.

Los periodistas -no solamente los mexicanos, sino los del mundo entero- entendemos y asumimos los riesgos de la profesión que hemos decidido abrazar. No nos sorprende que desde el poder público se descalifique nuestro trabajo o se instigue a la violencia en nuestra contra. Lo han hecho siempre, gobernantes de todos los signos ideológicos.

Nos preocupa, sin embargo, la virulencia con la cual, un gobierno que pregona ser impulsor de un proyecto que busca transformar la realidad nacional, exhiba tales niveles de intolerancia a la crítica. Así no se alimenta ni se fortalece la democracia sino al contrario: se construye el clima ideal para que en su lugar se instale el autoritarismo.