La defensa del narcotraficante más famoso del mundo lanzó en los últimos días peticiones casi desesperadas: que le den más agua, que le apaguen la luz de noche, que le compren tapones para los oídos…

Si Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera se quejaba de las condiciones en el penal de máxima seguridad del Altiplano en el Estado de México, no sabía lo que sería su futuro con la extradición: el aislamiento total, brutal, del Centro Correccional Metropolitano al sur de Manhattan.

Pero el juez Brian Cogan, harto por las maniobras de los abogados del Chapo, ha sido implacable: le ha negado todas las peticiones y presentó ayer a unos cuantos involucrados un documento de 45 páginas –que no se hizo público, pero a cuyo contenido he tenido acceso– en el que rebate cada uno de los argumentos de la defensa del capo para pedir que se reponga el juicio.

Esta solicitud de reponerlo se basó en una entrevista que dio uno de los jurados ciudadanos en la que confesó que durante el juicio estuvieron en contacto con noticias y vieron redes sociales, algo que tienen prohibido, so pena de ser descalificados. El juez Cogan determinó que, por más que hayan visto cosas fuera de la Corte de Brooklyn, los testimonios desgarradores y las pruebas colosales ahí presentadas son más poderosas que cualquier publicación en Twitter o Facebook.

La fuerza de las palabras del juez en ese documento dejó más que claro a los abogados defensores de Guzmán Loera lo que ya se esperaban: se avecina una sentencia monumental contra el Chapo. Varias cadenas perpetuas. Así que tiraron la toalla y pensaron que quizá lo mejor es que venga ya la sentencia.

Sin más agua, sin luz apagada, sin tapones para los oídos, la nueva estrategia de la defensa, según fuentes con acceso, es no interponer más recursos ante el juez Cogan para que la sentencia llegue sin contratiempos, y luego lo saquen del correccional de Manhattan y lo trasladen a una prisión en donde puedan obtenerle alguna ventaja, una mínima comodidad, en el eterno futuro de cumplir su penitencia.

Por ahí apuntan las cosas: la cita para la sentencia es el 17 de julio en Brooklyn, Nueva York, a las 9:15 de la mañana (hora local). Y la apuesta es que la prisión de máxima seguridad de Florence, Colorado, a donde se espera sea trasladado el Chapo, tenga una celda que al menos cuente con una ventana desde la que el líder del cártel de Sinaloa pueda ver el cielo, aunque no pueda ni salir al patio.

SACIAMORBOS

Donald Trump –un millón de dólares de promedio de gasto– encabezará un desfile de despliegue militar con motivo del Día de la Independencia. Como general victorioso tras una guerra. Nomás que no es general ni ha ganado ninguna guerra. Así que más bien parece el niño presumido de la cuadra que quiere demostrarle a sus amiguitos que sus avioncitos son los más padres, sus tanquecitos son los más grandotes, que tiene más soldaditos que nadie. Algo así no había sucedido en Estados Unidos desde 1991 tras la primera guerra en el Golfo Pérsico. Pero Trump fue de gira a Francia, vio su Día de la Bastilla y dijo: no me puedo quedar atrás, yo tengo que demostrar que soy más grandioso. Si ya saben cómo es, para qué lo invitan.

@CarlosLoret