Ese bebé llegaba al mundo como parte de una impresionante estirpe real que incluía a su padre, el príncipe Andrés de Grecia, su madre la princesa Alicia de Battenberg, su abuelo el rey Jorge I de Grecia

“La historia de siglos y siglos de la familia real inglesa nos habla, no de la importancia de la misma familia sino de la manera en que fue construido un país que ha sido reino y también imperio.”

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1.- El 10 de junio de 1921, hace casi cien años, nació en Cofrú, una isla griega ubicada en el mar Jónico un sobrino del rey Constantino I de Grecia. Ese bebé llegaba al mundo como parte de una impresionante estirpe real que incluía a su padre, el príncipe Andrés de Grecia, su madre la princesa Alicia de Battenberg, su abuelo el rey Jorge I de Grecia, su bisabuelo el gran duque Luis IV de Hesse-Darmstadt y su tatarabuela la reina Victoria de Inglaterra. Fue bautizado con el nombre de Felipe y habría de cambiar el curso de la historia ni más ni menos que del Reino Unido.
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2.- Evidentemente me refiero al príncipe Felipe, duque de Edimburgo, quien el pasado 9 de abril falleció a los 99 años de edad. Su papel en la Historia del mundo no solamente es trascendente por haber estado casado con la reina Isabel II por 73 años, 4 meses y 20 días sino por haber asegurado la continuidad de la dinastía Windsor y ser un verdadero pilar en la vida de la monarca que más tiempo ha permanecido en el trono de Inglaterra y sus dominios. En un mundo de constantes cambios, Felipe e Isabel representaban la estabilidad por excelencia.
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3.- Los Windsor, quienes integran la casa inglesa reinante, son conocidos por poner siempre el deber antes que los intereses personales, con resultados positivos por un lado pero con consecuencias desastrosas por el otro. Esto último ocurre con frecuencia en lo que a matrimonios y relaciones personales se refiere. Los divorcios de la princesa Margarita, el príncipe Carlos, la princesa Ana y el príncipe Andrés, son una prueba más que clara de ello. Sin embargo, la unión entre Isabel y Felipe fue, desde el primer momento, por amor.
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4.- Ellos dos se conocieron en el lejanísimo año de 1939 cuando ella tenía 13 años de edad y él 18. En aquel momento el joven príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, cadete naval, había ido a hacer una visita oficial al Royal Naval College junto a su tío y protector el conde Luis Mountbatten. Con el paso de los años, los dos jóvenes mantuvieron estrecha correspondencia hasta que, contrario a lo que muchos hubieran deseado, la joven heredera del trono inglés se casó con el príncipe griego el 20 de noviembre de 1947.
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5.- Felipe tuvo que renunciar a todos sus títulos y su derecho de sucesión griegos para contraer matrimonio con la princesa que habría de convertirse en reina de Inglaterra. A cambio, su suegro el rey Jorge VI le otorgó el título de duque de Edimburgo y, diez años más tarde su esposa, ya como reina, lo nombró príncipe de Inglaterra. Lo único que no recibió fue el derecho de dar apellido a sus hijos, que fueron cuatro, entre quienes destaca Carlos el actual príncipe de Gales y heredero del trono británico.
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6.- Para las generaciones actuales, quizá no tenga mucho sentido hablar de reyes, príncipes, duques y la monarquía en general. En un mundo donde nos comunicamos en tiempo real por medio del internet y la sensación de igualdad entre todos que esto provoca, pensar en hacer reverencias a las clases privilegiadas podría antojarse arcaico e incluso políticamente incorrecto. Sin embargo, la historia de siglos y siglos de la familia real inglesa nos habla, no de la importancia de la misma familia sino de la manera en que fue construido un país que ha sido reino y también imperio.
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7.- Antes de morir en el castillo de Windsor, el príncipe Felipe tuvo la oportunidad de hablar con sus cuatro hijos puesto que todos ya habían recibido la vacuna contra el coronavirus. Además la reina estaba al lado de su esposo cuando este falleció. Incluso organizaban las horas de comida para que la pareja pudiera coincidir cuando él se encontraba relativamente bien; de modo que han tenido oportunidad de despedirse. Se ha cerrado un capítulo importante de la historia de la realeza europea pero el más grande y definitivo ocurrirá cuando la reina Isabel II se despida para siempre de sus súbditos y del mundo.