En un futuro no tan lejano habrá en las ciudades lo que probablemente acabará por llamarse en español “hidrogeneras”. Como las gasolineras actuales, las “hidrogeneras” serán sitios de venta al público donde se podrá recargar, en a lo sumo un par de minutos, el tanque de combustible de un coche. Aunque esta vez el combustible no será gasolina, diesel o gas, sino hidrógeno. O mejor dicho, será hidrógeno verde.

¿Mera ciencia ficción? Pues no, en Japón se prevé que ya a fines de este año 2021 habrá un par de centenares de “hidrogeneras” en las principales ciudades. Las grandes empresas automotrices, especialmente las niponas, ya están produciendo en serie coches movidos por hidrógeno verde, más avanzados y mucho más eficientes que los coches eléctricos, por no hablar del caso de los híbridos, que se están volviendo el pan de cada día en las calles. De hecho, Toyota, la mayor productora de autos en el mundo, ya ha logrado vender, aunque todavía a gran costo, algunas miles de unidades de su prototipo Mirai.

Con el uso generalizado del hidrógeno como combustible, la humanidad acabará por tener, al menos en materia energética, el mejor de todos los mundos posibles, como especulaba Leibniz y criticaba Voltaire. El hidrógeno es el elemento más abundante en el universo. Se encuentra en particular en el agua, la cual cubre más de dos terceras partes de la Tierra. Es el elemento químico más simple, conformado tan solo por un protón y un electrón, y por ello es el más ligero. El hidrógeno es incoloro, inodoro, no metálico e insoluble. También es totalmente inocuo: no produce emisiones nocivas para los seres vivientes, además de no generar lluvia ácida ni reducir el ozono.

El uso formal del hidrógeno como combustible se remonta a fines del siglo XVIII, con los globos de aire franceses y, años después, con los dirigibles alemanes. Las naves espaciales estadounidenses y rusas han empleado el hidrógeno de manera rutinaria como combustible desde hace décadas. Hoy es además utilizado de manera intensiva en la industria y es fácil de producir calentando el gas natural. Entonces, ¿para qué usar ese extraño nombre compuesto del “hidrógeno verde”?

Hace también muchos años, a principios del siglo XIX, se logró por primera vez la electrólisis del agua; esto es, mediante el uso de una corriente eléctrica se pudo descomponer el agua en sus dos gases, el hidrógeno y el oxígeno. Ese procedimiento parecería ser limpio (verde), además de socialmente benéfico: se captura el hidrógeno y se libera al aire el oxígeno, el cual siempre será bienvenido por los humanos (en especial en época de pandemias).

Pero hay un pequeño problema con el razonamiento anterior: ¿cómo se generó la corriente eléctrica que dio pie a la descomposición de esos dos gases? La respuesta, durante mucho tiempo, fue: mediante combustibles fósiles. Actualmente ya no tiene por qué ser así. Las energías limpias (verdes), entre otras la eólica y la fotováltica provenientes del aire y del sol, pueden ser usadas para ese fin.

El hidrógeno verde es, pues, el fruto de un círculo virtuoso entre el agua, el aire y el sol. El mejor de todos los mundos posibles para recordar a Leibniz, no sin antes dar disculpas a Voltaire.