Mañana iniciamos el Mes de la Patria. También es el día del 4º Informe de Enrique Peña Nieto, una comparecencia de la que no hay nada que esperar, sólo crisis, crisis, crisis. 

La recesión económica es evidente. Para los más de 50 millones de pobres, la adquisición de la canasta básica es cada vez más difícil o hasta imposible porque los aumentos en los precios de los alimentos y los servicios son continuos.

La cifra de más de 50 millones es en realidad dudosa, ya que el Centro de Estudios Espinoza Yglesias y los integrantes de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza indican que el 70 por ciento de los mexicanos permanece en la pobreza. Esto a pesar del aumento en el gasto social. 

En los avances del Informe que rendirá mañana, Peña Nieto sostiene que, a pesar del contexto internacional adverso, la pobreza extrema ha disminuido (depende de a qué llame pobreza extrema y a quiénes ubica ahí) y México avanza en la construcción del bienestar de su población y en la garantía de sus derechos sociales. La veracidad de estas afirmaciones habrá que contrastarlas con la realidad. 

Con el crecimiento de la economía tan moderado –por decir lo menos– lo que se observa con claridad es un descenso del dinamismo en el consumo privado; los continuos recortes al gasto público, sobre todo en salud y educación, contradicen el optimismo del Presidente porque la inversión también se contrae; además, los aumentos en la gasolina y en la electricidad propician consecuencias negativas en la economía familiar y en la inversión privada. Esto pese a la ayuda que el Inegi pueda aportar al maquillaje de cifras para documentar el optimismo en el ánimo popular tan decaído ahora. 

¿Qué hacer con la imparable desigualdad social y la casi nula movilidad social? ¿Qué hacer con el continuo descenso de la clase media y las cantidades cada vez más grandes de jóvenes sin acceso a la educación  superior? ¿Qué hacer con la precariedad de la seguridad social y la negativa del Gobierno Estatal a brindársela a los trabajadores de Educación aportantes de la Sección 38, de la UAdeC y de la UAAAN?

Los legisladores, diputados y senadores han sido omisos en este tema hasta ahora. En sus manos está la disposición y orientación del presupuesto federal, la racionalidad del gasto público y la exigencia de que se respeten los recursos asignados; bien harían en disminuir el gasto corriente del titular del Ejecutivo que hasta ahora permite que la austeridad no llegue a esas élites. Hace falta un debate público legislativo dirigido a mejorar el gasto.

Ya sabemos que a Peña Nieto y a Videragay les importa poco heredar a los mexicanos otro Fobaproa, que de hecho ya está confeccionado con la enorme deuda  que este gobierno ha adquirido. 

Peña Nieto arriba al 4º Informe sin cumplir lo que fue el primer propósito del inicio de su gobierno, alcanzar la paz en México, al contrario: rebasará la cifra de 121 mil 923 víctimas registradas durante el sexenio de Felipe Calderón.

Un tema sumamente sensible en este sexenio es el de los derechos humanos. El Presidente enfrenta una grave crisis de credibilidad por casos de abuso de policías y Fuerzas Armadas que han dado la vuelta al mundo: Tlatlaya, Iguala con los 43 estudiantes desaparecidos, Tanhuato –el más reciente– y la enorme cantidad de desapariciones forzadas, son la evidencia.

La mala gestión de Peña Nieto se refleja muy bien en una de las últimas encuestas en las que el 74 por ciento de los ciudadanos desaprueban la administración del Presidente y sólo un 23 la aprueba (Reforma). En Cohauila, el nivel de desaprobación es todavía mayor pues alcanza el 77 por ciento, según una encuesta de VANGUARDIA publicada ayer.

Mañana veremos y diremos.