Los niveles de depresión y ansiedad se han incrementado enormemente entre los jóvenes. En mis más de 35 años de experiencia docente con universitarios observo más y más ataques de ansiedad entre mis alumnos. Cada vez que hay examen se me acercan una o dos alumnas y me dicen que se sienten muy mal, dolor de cabeza, taquicardia, mareos, temblores y sudor. Los estudios más recientes sobre problemas de depresión, ansiedad y otros trastornos mentales, realizados por la Dra. Jean Twenge de la Universidad de San Diego, demuestra un incremento de más de ocho veces en los últimos 50 años en estudiantes universitarios encontrando un incremento alarmante de trastornos emocionales. 

Existen una gran cantidad de causas del aumento de trastornos mentales como los nuevos estilos familiares, el consumismo, exceso de redes sociales y videojuegos, sobreprotección y permisividad en la disciplina. Unas de las cosas que sabemos sobre la depresión y la ansiedad es que se relaciona con la incapacidad de controlar y regular sus propias vidas. Personas que pierden confianza en ellos mismos y piensan que no son capaces, son víctimas de ansiedad y depresión porque el control no lo tienen ellos. Peter Gray, profesor emérito de Boston, publicó un artículo titulado: “Decline of Play and Rise of Psychopathology in Children and Adolescents” (Decadencia del juego e incremento de psicopatologías en niños y adolescentes) en la revista American Journal of Play y afirma grandes problemas en el desarrollo emocional y aumento de problemas de ansiedad, depresión, atención y autocontrol ante la ausencia del juego en niños. El Dr. Gray describe que el juego libre y no estructurado les da la oportunidad a los niños de desarrollar confianza en ellos mismos, adultos competentes y previene una gran cantidad de problemas emocionales. Menciona que los suicidios se han cuadruplicado entre 1950 a 2005 en chicos menores de 15 años y se ha doblado entre las edades de 15 a 25 años. Gray piensa que la pérdida de juego libre y los recreos en las escuelas son un factor determinante de este aumento. 

El juego ha perdido importancia en las familias y escuelas. Los niños ya no salen a jugar al parque y se la pasan más tiempo sentados o acostados con videojuegos o conectados en redes sociales. En las escuelas han reducido el tiempo de los recreos y en otras prohíben que los niños corran o jueguen con pelotas para evitar que los niños se lastimen y los papás reclamen a la escuela la falta de supervisión. Peter Gray encontró que los niños juegan menos y tienen menos tiempo libre en los últimos 20 años. Pasan 18 por ciento más tiempo en la escuela, 145 por ciento más tiempo haciendo tareas escolares y solamente tienen 11 horas a la semana de juego. El 85 por ciento de los padres dicen que sus hijos juegan menos en exterior de lo que ellos jugaban. Los preescolares han incrementado más el trabajo académico y disminuido las actividades lúdicas de aprendizaje. Hay dos grandes ventajas del juego libre:
Aprenden a tomar decisiones, autocontrol y seguir reglas. El juego les ayuda a controlar sus decisiones y emociones y esto les protegerá de la ansiedad y depresión. 

Aprenden a manejar sus frustraciones e impulsos. La ansiedad es por falta de control emocional y carecer de regulación de adversidades como el fracaso y la derrota. 

Permitamos a nuestros hijos jugar en casa y fuera de ella. Claro, con supervisión para cuidar su seguridad. Dejemos que jueguen en los recreos de las escuelas para que regulen sus conductas y mejoren su atención y memoria. Demos la oportunidad que tengan juego libre en sus recámaras y no organicemos como ejecutivos su tiempo.

jesus.amaya@udem.edu