Se avecina una guerra comercial. Trump no soltaría una bomba atómica ni en México o en Canadá.   Sus acciones y declaraciones también tienen un efecto devastador imperceptible. Lo que preocupa no es el hecho de construir un muro, que no detiene lo inevitable. Lo que el muro representa es una política de aislamiento, de buscar un enemigo común, en vez de construir los puentes de la solidaridad y el diálogo.

Es lavarse las manos y hacer pública la indiferencia que lleva a la desconfianza, distancia y pleito. La política del aislamiento se practica en muchas partes: incluso los fraccionamientos cerrados son una forma de impedir el acceso a los indigentes o migrantes. Esos seres extraños, impredecibles, que amenazan la seguridad personal.  El muro representa volver a un nacionalismo que se pensaba superado con el muro de Berlín. La elección de Trump demuestra que la mayoría estuvo de acuerdo en que los inmigrantes son el enemigo. Al igual que en la Alemania nazi, ganó el sentimiento infundido del miedo y el rechazo. “La inmigración masiva, el aumento de la xenofobia, el racismo y el nacionalismo, coincide con los éxitos electorales de partidos que apoyan esas ideas.

Pasó en Francia, donde dejaron muy claro que a los migrantes les quedaban los días contados allí. El primer ministro de Hungría, Víktor Orban dijo “Todos los terroristas son migrantes” y construyó un muro de 4 metros de altura a lo largo de 176 km de frontera con Serbia.

La medida tuvo un 87% de aprobación de la ciudadanía húngara. Las grandes mentiras producen grandes miedos, que producen a su vez grandes ansias de grandes hombres fuertes.”

Es más fácil construir un muro que dar solución a los verdaderos problemas. Es un truco que le da un falso sentido de seguridad económica y física a los estadounidenses: Hacer ver a los mexicanos como terroristas, usurpadores de empleos y criminales.  Lucrar con la seguridad es una práctica común entre los políticos.

El gobierno pretende ser el escudo providencial que impide que los habitantes sean víctimas de catástrofes. El discurso y debate, incluso en las próximas elecciones en nuestro estado, girará en torno al tema seguridad.  Las crisis migratorias tienen lugar en todo el mundo: “En el 2015 cerca de 40% de los europeos mencionaba la inmigración como el problema más preocupante.” El pánico moral se define como un temor extendido entre un gran número de personas que tienen la sensación de que un mal amenaza el bienestar de la sociedad.

Para algunos medios, la tragedia y el trato indigno a los migrantes son cada vez menos noticia, se convierten en una rutina de lo normal. Los gobiernos tratan a los migrantes como si fueran papas calientes que pasarse unos a otros. Como extraños que causan ansiedad y miedo, a quienes se prefiere ignorar, evitar, si acaso tolerar. Lo que buscan los migrantes es salir de su país empobrecido para buscar oportunidades.

“Los migrantes representan los mensajeros de las malas noticias desde un rincón lejano del mundo hasta nuestra puerta. Hacen que cobremos conciencia de algo que con gusto olvidaríamos o, mejor aún, desearíamos que desapareciera: unas fuerzas globales, distantes, de las que se oye algo de vez en cuando, pero que permanecen generalmente ocultas a nuestra vista….

Nos recuerdan de manera irritante, exasperante la vulnerabilidad de nuestra propia posición y la fragilidad endémica de ese menester nuestro que tanto nos costó alcanzar. Tenemos la humana costumbre de culpar y castigar a los mensajeros migrantes por el aborrecible contenido de los mensajes….. La humanidad está en crisis y no hay otra manera de salir de esta crisis que mediante la solidaridad entre los seres humanos.” Zygmunt Bauman.