Alejandro Cerecero. Foto: Especial.
A propósito de “Hitos y mitos”, su reciente exposición en el espacio cultural La Comuna y la conmemoración este año de medio siglo de actividad creadora, es preciso detenernos para hablar de la obra del artista visual más completo y prolífico de Coahuila: Alejandro Cerecero.

Tuvo su primera exposición individual a los 14 años y desde entonces es fecha que su arte no ha dejado de replantearse y evolucionar: desde los primeros dibujos en acrílico y acuarela, pasando por sus breves participaciones en colectivo “Hesse Esso” (grupo de artistas visuales reunidos alrededor de la figura del Maestro Fernando Flores Sánchez a principios de los 80), o su incursión como uno de los pioneros del diseño gráfico y editorial  en nuestra ciudad, Alejandro Cerecero ha transitado por casi todas las técnicas de la plástica y en todas ha demostrado una solvencia técnica indiscutible: de la gráfica al mural artístico, del collage al mural industrial, de la fotografía al palimpsesto, de la instalación a la pintura, de la fotografía al arte digital, de la fotocopia al land art y el ready made, el también arquitecto ha transitado con una potencia, un sentido lúdico y una frescura que ya quisieran para sí muchos artistas jóvenes o emergentes.

Obra de Cerecero. Foto: Especial.

La inteligencia, la técnica
He mencionado anteriormente cómo desde la agenda de las instituciones culturales y sus áreas de artes visuales se ha impulsado una preferencia impositiva por lo conceptual, tendencia que en la mayoría de las expresiones locales –salvo contadísimas excepciones- ha desbarrancado hacia los terrenos del ejercicio literal, la simple glosa, la ocurrencia coyuntural o el facilismo ignorante. Ante cualquiera de las muestras que el artista saltillense realiza año con año en nuestra ciudad –sea su tradicional retrospectiva en el Cerdo de Babel o las recurrentes intervenciones en Casa Purcell,y otros espacios- en el arte de Cerecero se evidencia una apabullante solidez en su discurso. Porque detrás de cada pieza hay una reflexión profunda y original: una pertinencia y un dominio total de los propios medios con los que la pieza está elaborada; un margen al juego y la interpretación.
Y si en una etimología estricta, la techné griega deviene en ars latina derivando en un sentido de producto o actividad hecho con una finalidad comunicativa y estética -una visión personal acerca del mundo- el arte (su técnica y su discurso) del también maestro de la EAP se refleja en cada una de sus obras con una madurez absoluta.

Obra de Cerecero en Casa Purcell. Foto: Especial.

El medio, la crítica
Hay qué decirlo también, no hay en Coahuila -y probablemente en el Noreste de México- otro artista con su versatilidad: sea cartón, desechos, objetos resignificados, muros, etiquetas comerciales, lienzos de segunda mano, juguetes, memorabilia familiar o personal, todos ellos en manos de este autor se vuelven pretextos y medios ideales; material maleable en dónde ejercer un discurso personalísimo pero plural. Insisto, en tiempos en que los discursos con preocupaciones artificiales o insuficientes pretenden validarse mediante el recurso y el apelativo del “arte social” o la “crítica”, su arte destaca precisamente por su ausencia de etiquetas y la potencia de un discurso que se muestra y se agota en la propia obra, no en backgrounds textuales, ni en pretensiones o factores extra artísticos.
Por otra parte, concepto tan malversado y tan prostituido el de la crítica, en esta muestra el artista lo lleva a su acepción última: si la crítica es una evaluación de la sociedad y de la cultura, y si además la concebimos como un camino para establecer los límites de la validez de una facultad o conjunto de conocimientos –en este caso nuestras nociones acerca la realidad actual del país- entonces en manos de él este recurso deja de ser una etiqueta acomodaticia para convertirse en una visión y un registro artístico, donde se entrecruzan lo simbólico y lo real.
Así, la narcoviolencia, el fenómeno migratorio o las contradicciones del presente momento mexicano, dejan de ser pretextos coyunturales para erigirse en otra cosa: una reinterpretación inteligente y sensible de la realidad actual.
Hitos y mitos de Cerecero en La Comuna: Zaragoza y Lerdo. Una de las mejores exposiciones de arte visual actualmente en la ciudad. No se la pueden perder.


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