En esta ocasión comentaré el libro El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie, con un epílogo de Marina Garcés. La autora nació en Nigeria (idioma oficial, el inglés), ha escrito diversas novelas, varias premiadas. Podemos decir que el hilo conductor de sus novelas es sobre la importancia de explotar referentes africanos en la obra que sale de ese continente, para evitar que las historias sólo tengan elementos occidentales, particularmente ingleses. Pasó su infancia en la ciudad que alberga a la Universidad de Nigeria, Nsukka. Es hija de universitarios. Su mamá fue la primera secretaria de admisiones de la Universidad. Su padre fue profesor de estadística. Chimamanda a los 19 años se fue a estudiar a Estados Unidos de América. Obtuvo una beca de dos años para estudiar comunicación y ciencias políticas en la Universidad de Drexel, Filadelfia. Luego estudió en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, también hizo estudios de escritura creativa y un máster de estudios africanos en las Universidades de Johns Hopkins y en Yale, respectivamente.

Dice que los primeros libros que le dieron a leer sus padres, solo los protagonizaban los ingleses. Comenta Chimamanda, que su visión cambió cuando descubrió los libros africanos. Y agrega que aquel descubrimiento de los escritores africanos la salvó de conocer solo un relato, los libros solo contemplan una historia. Dice que su compañera de habitación conocía una única historia sobre África, un relato único de catástrofes. En esa historia no cabía la posibilidad de que los africanos se le parecieran en nada, no había lugar para sentimientos más complejos que la pena, ni posibilidad de conexión entre iguales.

Remarca que la historia única de África en última instancia proviene, de la literatura occidental. Así es como se crea una historia única. Se muestra a un pueblo solo como una cosa, una única cosa, una y otra vez, y al final lo conviertes en eso. Para explicar esto de la historia única, dice que es imposible abordar el relato único sin hablar de poder. Existe una palabra, una palabra igbo (idioma también de Nigeria), que me viene siempre a la cabeza cuando pienso en las estructuras de poder del mundo: nkali. Es un nombre que podría traducirse por “ser más grande que otro”. Agrega que en el mundo político y económico, las historias también se definen por el principio de nkali: la manera en que se cuentan, quién las cuenta, cuándo las cuenta, cuántas se cuentan… todo ello en realidad depende del poder.

Sostiene que nunca se le hubiera ocurrido pensar, solo porque acababa de leerse una novela protagonizada por un asesino en serie, que el protagonista representara a todos los estadounidenses. Ella no tenía un relato único de Estados Unidos. El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Convierten un relato, en único. La impresión de Chimamanda es que es imposible conocer debidamente un lugar o a una persona sin conocer todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia del relato único es la siguiente: priva a las personas de su dignidad. Nos dificulta reconocer nuestra común humanidad. Enfatiza en qué nos diferenciamos en lugar de en qué nos parecemos.

Las historias importan. Muchas historias, importan más. Las historias se han utilizado para pillar y difamar, pero también pueden usarse para glorificar y humanizar. Pueden vulnerar la dignidad de un pueblo, pero también, remediarla. El saber y el pensamiento están liberados del mundo de los relatos, no solo no deben cruzarse, sino que corresponden a bloques distintos, a vidas y a esferas culturales distintas. Como dice Chimamanda, aprender a pensar es aprender a relacionarnos con lo que no sabemos. Aprender a escuchar y a contar historias, también. En ambos casos, en vez de la acumulación y la posesión de información, lo que se precisa es confianza. La confianza no aspira a la certidumbre, sino a la posibilidad de compartir el sentido.

Hay que aprender de los ejemplos y desarrollos específicos, porque son relatos concretos, únicos. En palabras de Chimamanda: están en cada pescador que aprende a pescar, en cada alfarero que une el movimiento de sus manos al tacto del barro o en otras muchas historias. En suma, hay que escuchar todas las historias para comprender en toda su dimensión una comunidad o persona.

@SalvadorHV

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