Esta semana se publicaron los precriterios generales de política económica para 2022, esto significa que el gobierno federal dio a conocer sus “supuestos” económicos para empezar la formulación del paquete presupuestario del año que viene. El impacto de esta información es muy alto en todas las esferas de la economía nacional, pues a partir de estos datos se puede empezar a establecer el rumbo que tendrá México para lo que resta del 2021 y lo que viene en el 2022.

Para empezar, el documento de los precriterios generales (para abreviar todo el título) deja en claro que en este año se alcanzará a un crecimiento económico no del 4.6% en el producto interno bruto (PIB), sino que dadas las condiciones actuales positivas que privan, se llagará hasta un 5.3%. Sin embargo, las razones para este optimismo son poco realistas. Por ejemplo, se dice que hay contratadas 200 millones de dosis de vacunas, que no es lo mismo que entregadas o en proceso de entregarse. Ni hablar del primer cronograma de aplicación de vacunas dado por el presidente. Ya es abril, y no se terminó de vacunar a las personas de la tercera edad como se había prometido, pero no es un problema del gobierno, es de producción mundial. No se pueden producir vacunas al ritmo que se requieren para anular la pandemia este año. México difícilmente terminará de vacunar a su población en diciembre con el flujo actual de vacunas disponibles y la logística utilizada.

Otro punto importante para el crecimiento económico tan optimista establecido en los precriterios es que México crecerá porque Estados Unidos crecerá. Eso es un hecho que se establece por la fortaleza de intercambio comercial entre ambos países y por la gran cantidad de trabajadores legales e ilegales que emigran al vecino país del norte. La razón principal para incrementar las expectativas es que el apoyo federal norteamericano (que alcanzará los 1.9 trillones de dólares) a través de las importaciones y las remesas transferirá hasta aquí algunos millones que, a su vez, incrementarán el flujo de circulante y por ende la demanda agregada.

Las contribuciones al crecimiento nacional podrían estar sobredimensionadas, pero no se niega que habrá beneficios importantes. Sin embargo, y para no reducir el ambiente optimista mexicano, hay que decir que el efecto multiplicador de esos dólares será muy bajo. Habrá un millón menos de empresas, que desaparecieron por falta de apoyo durante la pandemia, hay 2.2 millones de trabajadores menos, por la contracción de oportunidades laborales. El consumo interno aumentará considerablemente por un mayor efectivo circulante en la economía, derivado de los dólares y una reapertura total de la economía en el tercer y cuarto trimestre del año. Sim embargo, no será a los niveles de 2019 o principios de 2020 como lo llegó a decir el presidente en su informe trimestral.

Las expectativas para el 2022 son menores que para este año, pues se espera que el PIB crezca un 3.6%, de acuerdo a las nuevas previsiones, que originalmente eran de un 2.6%. Aquí se podrían esperar mejores resultados porque ya no habrá interferencias políticas, será un año de poca actividad electoral y eso ayudará. Dado que el mundo estará en plena recuperación de la pandemia y ya para ese año todo el país habría sido vacunado, habrá una recuperación más acelerada, mejor de lo pronosticado.

La pregunta central es si debería haber tanto optimismo económico para aventurarse a proponer aumentos tan grandes en los indicadores económicos o replanteando mejor la pregunta es si se deben de asumir como lineamientos correctos, de acuerdo a las condiciones actuales de México y el mundo. Como todo pronóstico económico, el realizado para los precriterios económicos es una base, pero nadie puede ver el futuro. De esta forma hay que analizar los datos, como tendencias que sirven para orientar las decisiones de los agentes económicos y actuar en consecuencia, y desde esa perspectiva se analizarán algunos datos usados, para poder afinarlos más que criticarlos.

Ya terminó el primer trimestre y no se esperan buenos números en cuanto al crecimiento, es normal porque el arranque de cada año reduce considerablemente el consumo agregado de hogares y empresas, hay que pagar varios impuestos y compromisos que son obligatorios en este periodo como reinscripción a las escuelas, prediales, tenencias, por mencionar algunos. No habrá sorpresas en la economía, eso es seguro. Lo importante será a partir de hoy que empieza el segundo trimestre, pero hay algo que las autoridades no tomaron en cuenta en sus pronósticos, al ser un año de alta actividad electoral, el gasto público sufre contracciones importantes pues la propia ley impide el gasto hasta pasadas las elecciones. Por ello en abril y mayo se verán grandes reducciones en este rubro. Ya van cinco meses en que el sistema económico no opera a su total capacidad. Tampoco se ha tomado en cuenta, aunque sí se menciona, que los sueldos y salarios han sufrido pérdidas. En los precriterios se menciona que la economía está trabajando al 95% de lo que se tenía en enero de 2020, pero en términos de producción, no de las remuneraciones al personal que han perdido entre inflación, reducción de jornadas y de los salarios más del 20%. La inflación en alimentos ha llegado a 30% y queda poco del ingreso de los hogares para comprar otras cosas. Por ejemplo, la venta de vehículos ligeros cayó a cifras anuales en febrero de este 2021 un 21.1% de acuerdo a la Asociación Mexicana de Vehículos Automotores. Números preocupantes en un sector que muestra las expectativas de largo plazo de la economía y desde luego, del poder de compra.

A pesar del elevado optimismo económico plasmado en el documento federal, se puede señalar para México en este año un crecimiento de un 2 a un 2.6%, no más de un 3% si hubiera algún cambio de rumbo de las políticas económicas. Pero si habrá un crecimiento un poco más alto para el 2022, que rondaría entre el 3 y el 3.5% del PIB. México crece en olas y la ola actual está retrasada por la vacunación y el otorgamiento de los beneficios del paquete de apoyo norteamericano a los hogares. Las elecciones tampoco ayudan. Es por ello que, en los países desarrollados en su mayoría, las elecciones se llevan a cabo entre octubre y noviembre para no afectar el ciclo económico ya que estos meses son, por tradición, los de menor actividad económica. Se eleva el optimismo, pero los datos no concuerdan y todo sigue igual.