Por cuarto año consecutivo, una universidad del Estado de Yucatán ganó ayer la Competencia Nacional de Debate sobre Derechos Humanos convocada por la Universidad Autónoma de Coahuila, la Academia Interamericana de Derechos Humanos y el Gobierno del Estado de Coahuila.

En esta ocasión fue el equipo representativo de la Universidad Autónoma de Yucatán. Antes fueron —en dos ocasiones consecutivas— los equipos representativos de la Universidad Modelo y previamente el equipo de la Universidad Marista quienes se alzaron con la victoria.

Una cosa resulta evidente al observar estos resultados: no se trata de un hecho casual o de un fenómeno aislado. Y para reforzar la hipótesis debe señalarse cómo, los equipos provenientes de la península, no solamente han ganado la Competencia organizada en Saltillo, sino también otras organizadas por instituciones de educación superior de México y el extranjero.

¿Cuál es la razón de estos consistentes resultados obtenidos por las universidades públicas y privadas de Yucatán? Seguramente no hace falta indagar en los misterios de la cuenta larga del sistema calendárico maya, ni recurrir a sofisticadas profecías venidas de tiempos inmemoriales para arrojar luz sobre el misterio.

La respuesta es, en realidad, mucho más simple y está relacionada con el diagnóstico ofrecido en estas mismas páginas de VANGUARDIA, el domingo anterior, por mi querido amigo Luis Efrén Ríos Vega, al retratar el estado actual de la educación jurídica en México:
“En general, las escuelas o facultades de Derecho enfrentan problemas serios: plantas docentes, planes de estudios y directivos sin calidad ni liderazgo, que al final sintetizan una concepción mediocre de la manera de entender el Derecho. Esta situación grave pone en riesgo el desarrollo propio de la profesión jurídica en el Siglo 21”, dijo el Director General de la Academia IDH en su artículo “¡Aprendí más en la competición, que en la escuela!”.

Para redondear el argumento, añadió: “los problemas sociales que enfrenta la sociedad actual requieren escuelas de gran calidad que le permitan al alumno aprender el Derecho no sólo con clases magistrales, sino también con clínicas jurídicas, estudio de problemas y casos, proyectos de investigación u otras formaciones interdisciplinarias del Siglo 21”.

 

Para Karla, Diego, Felipe, Gerardo, Jacky, Vanessa, Andrea, Sophia, Brenda, Daniel, Cochisse, Karime, Luis, Noemí, Briseydy, Sergio, Natalia, Isabel, Daniela, Alejandra y Fernando, l@s chic@s del staff"

Pues eso —como dirían los españoles—: en el Estado de Yucatán están haciendo las cosas de forma diferente… al menos en las escuelas de Derecho. Y lo están haciendo todos: los planteles privados, pero también los públicos.

Y no es una suposición mía. Lo digo a partir de los resultados de las encuestas aplicadas a los alumnos y asesores asistentes a la Competencia organizada por la Academia IDH. Me explico.

Una de las preguntas formuladas a los asistentes a la Competencia busca indagar sobre el nivel de apoyo brindado a los alumnos, por parte de sus escuelas, para asistir a este tipo de eventos: de forma unánime, al evaluar el apoyo recibido —en una escala del uno al diez— los competidores provientes de Yucatán califican con diez a sus universidades.

Una pregunta adicional cuestiona a los asistentes respecto de la relevancia concedida, como parte de su formación profesional, a la asistencia a este tipo de eventos. Una vez más, la posición unánime es otorgar una muy alta importancia a la participación en competiciones universitarias.

Y para muestra, un botón: mientras en Saltillo un equipo representativo de la UADY participaba en la Competencia organizada por la AIDH, otro equipo de la misma institución se encontraba en Washington, DC, midiéndose contra 90 universidades del continente en el Inter-American Human Rights Moot Court Competition organizado por la American University.

Por cierto: los integrantes del equipo enviado a Washington estuvieron el año pasado con nosotros, aquí en Saltillo, y conquistaron la segunda posición en la Competencia de la AIDH. En la semana, clasificaron a semifinales en la capital de los Estados Unidos, ubicándose así entre los mejores 20 equipos del continente.

Ayer, al concluir la entrega de premios de la Competencia AIDH, platiqué brevemente con María de los Ángeles Cruz, la jovencísima asesora del equipo ganador, y le pregunté sobre su estrategia. Reproduzco aquí una de sus respuestas en la cual, me parece, se sintetiza la apuesta realizada por su institución: “un día nos dimos cuenta que había muchos egresados exparticipantes en competencias a quienes debíamos ofrecer nuevas alternativas. Entonces decidimos crear un centro de estudios de Derechos Humanos”.

Así de simple. Así de complejo. La diferencia entre vivir la vida viéndose el ombligo y alzar la vista para encarar el futuro.

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.mx