Lo único que parece ir quedando claro es que ‘la nueva normalidad’ es peor que la anterior, pues durante esta, el coronavirus está infectado a un número cada vez mayor de personas

Más de un mes después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador comenzara a decir que en México “se ha domado la pandemia” –como un ningún otro lugar del mundo– arrancó el proceso de reactivación económica o, como se prefiere decir ahora, iniciamos el ingreso a “la nueva normalidad”.

En teoría, porque eso es lo que han dicho una y otra vez las autoridades sanitarias, el periodo previo, el del confinamiento más o menos forzado, tuvo como objetivo el reducir la velocidad de propagación del SARS-Cov-2, es decir, incidir en las cifras de contagios y muertes que se informan diariamente.

Esto último también tenía el propósito de evitar la saturación del sistema de salud, pues al disminuir el número de personas que requirieran hospitalización –particularmente quienes debieran ingresar a cuidados intensivos– se garantizaría que todas tuvieran la misma calidad de atención.

Sin embargo, en los primeros días de la “nueva normalidad” se ha reportado el contagio de 10 mil 574 personas y el número de muertes se ha incrementado en mil 799. Esto quiere decir que en sólo tres días de junio se ha informado del 10.44 por ciento de todos los contagios oficialmente reconocidos y el 15.34 por ciento de todas las muertes registradas por la pandemia.

Tan sólo ayer, las autoridades informaron de mil 79 nuevos fallecimientos, una cifra que es más del doble que la más alta reportada hasta ahora (el 26 de mayo, con 501 muertes) lo cual va a ubicar a la presente semana como “la más letal” desde que el coronavirus llegó a México.

Pero eso es exactamente lo que ha venido ocurriendo durante las últimas semanas: cada periodo de siete días registra una tasa de contagios y letalidad más alta que el anterior, lo cual demuestra, sin lugar a dudas, que la pandemia sigue cobrando velocidad en nuestro País.

El propio subsecretario López-Gatell debió reconocer ya que la enfermedad “no ha sido domada”, aunque con sus acostumbrados juegos de palabras se ocupó bien de no desmentir a su jefe, afirmando que López Obrador ha dicho que “se está domando” a la pandemia y eso, en opinión del epidemiólogo, sí es cierto, aunque los datos dicen claramente lo contrario.

López-Gatell ha dicho también que las medidas de control no se han terminado, sino que ahora han pasado “al control de los estados” porque cada uno padece “su propia pandemia” debido a que la propagación del virus se comporta de manera diferente en cada territorio.

En medio de la confusión en el discurso gubernamental, lo único que parece ir quedando claro es que “la nueva normalidad” es peor que la anterior, pues durante esta, el coronavirus está infectado a un número cada vez mayor de personas y está matando también a más mexicanos.

Se suponía que el confinamiento serviría para que “lo peor de la pandemia” pasara y cuando regresáramos a las actividades hubiera un número reducido de personas capaces de contagiar a otras. Las cifras dicen que ocurrió exactamente lo contrario y casi 12 mil cadáveres son el trágico testigo de esa catastrófica realidad.