Con una inversión de alrededor de 350 millones de dólares, hoy se inaugura en Coahuila el que, de acuerdo con sus promotores, uno de los parques eólicos más modernos del mundo, inversión con la cual nuestra entidad se coloca en el mapa de las regiones productoras de energías limpias.

Distribuidos en una superficie de 4 mil 753 hectáreas, casi un centenar de aerogeneradores, instalados por la empresa “Eólica de Coahuila”, generarán unos 200 mega watts de electricidad, misma que resulta suficiente para abastecer a unas 50 mil viviendas, de acuerdo con los cálculos difundidos por la administración estatal.

Un dato adicional importante —sobre todo para una entidad en la cual se producen grandes cantidades de energía eléctrica sobre la base de quemar combustibles fósiles— es el hecho de que la instalación del referido parque evitará la utilización de 480 mil toneladas de carbón anualmente.

Se trata, sin duda, de una noticia importante que nos habla de la apuesta en la región por el establecimiento de fuentes alternas de energía, un hecho que para Coahuila se antoja natural debido a su ubicación geográfica y a las extensas zonas desérticas que componen el territorio.

Porque aún cuando en el territorio de nuestra entidad se encuentran casi la totalidad de las reservas nacionales de carbón mineral, eso no implica que deba renunciarse a la posibilidad de invertir en la creación de otras fuentes de energía.

Lo anterior es cierto, sobre todo, cuando se toma en cuenta que la utilización de carbón mineral para producir electricidad tiene como consecuencia la emisión de grandes cantidades de gases de invernadero que contribuyen al cambio climático.

En este sentido, la utilización del viento como precursor para la generación de electricidad tiene múltiples beneficios, pero deben resaltarse sobre todo los relacionados con el hecho de que esta energía no genera residuos indeseables que provoquen un impacto negativo en el ambiente.

Prácticamente ninguna fuente de generación de energía es totalmente “limpia”, por supuesto, y en ese sentido valdrá la pena que las autoridades gubernamentales impulsen la realización de estudios que determinen con certeza el impacto que tiene la instalación de los aerogeneradores en la flora y la fauna del lugar, a fin de instrumentar acciones remediales en caso de ser necesario.

Más allá de ello, sin embargo, habrá que reconocer sin ambigüedades el acierto que constituye el aprovechamiento de las condiciones naturales de nuestra región para la producción de energía eléctrica con un impacto residual casi inexistente.

Además de celebrar la inauguración de la obra valdrá la pena que las autoridades estatales y federales nos informen sobre proyectos futuros en este sentido y sobre los mecanismos que el sector público instrumentará para promoverlos.