Alguien le preguntó al rey Salomón por qué tenía quinientas esposas y quinientas concubinas. Respondió el sabio monarca: “Porque así tengo una buena oportunidad de que por lo menos a una de ellas no le duela la cabeza por la noche”… Un individuo llegó a su casa a las 3 de la mañana y encontró a su mujer en la cama con otro hombre celebrando el H. Ayuntamiento. Al ver a su marido la señora le preguntó, furiosa: “¿Por qué llegas a esta hora? ¿Dónde andabas?”. Inquirió el esposo a su vez: “¿Quién es este hombre?”. Respondió ella, iracunda: “¡No me cambies la conversación!”… Rumpville era un pequeño pueblo muy frecuentado por cazadores, pues cerca de él había un lago al que llegaban patos, gansos y otras aves migratorias. Cierto día un cazador entró en la carnicería del lugar. Lo acompañaba una estupenda rubia. El hombre le preguntó al carnicero: “¿Tiene un pato?”. “No, señor” –contestó el hombre. Volvió a preguntar el otro: “¿Y un ganso?”. “Tampoco –respondió el carnicero–. Pero tengo una gallina”. “¡Una gallina! –se molestó el cazador–. ¿Voy a decirle a mi esposa que cacé una gallina?”… Las canas y las arrugas son hereditarias. Los padres las heredan de sus hijos… Aquel señor nunca llevaba trabajo a su casa. 
Aducía: “No quiero hacer aquí lo mismo que hago en la oficina”. Su esposa, que trabajaba también, lo rechazó una noche cuando él se le aproximó con intención evidente de erotismo. Le dijo la señora: “Yo tampoco quiero hacer aquí lo mismo que hago en la oficina”… Cuando estalló la epidemia llamada “de las vacas locas” una vaquita le preguntó a otra: “¿No te preocupa eso de las vacas locas?”. “No” –respondió la otra muy quitada de la pena. “¿Por qué no?” –se asombró la otra. 
Replicó la vaquita: “Porque yo no soy vaca. Soy Josefina la de Napoleón”… Dos ratones estaban en su agujero. No salían de él porque habían oído el maullido de un gato. De pronto escucharon: “¡Guau, guau!”. Salieron entonces, pues pensaron que había llegado el perro y que el gato había huido. El minino, que estaba al acecho, los atrapó y se los zampó. Dijo relamiéndose los bigotes: “Tenía razón papá: es muy útil saber un segundo idioma”… A la salida del súper Pepito le preguntó a un señor: “¿Perdió usted un billete de 100 pesos?”. El hombre fingió buscar en sus bolsillos y dijo luego: “Sí. Traía un billete de 100 pesos, y al parecer se me cayó. ¿Lo encontraste?”. “No –dijo Pepito–. Pero estoy investigando cuántas personas han perdido hoy un billete de 100 pesos. Con usted van 82”… Termina esta columnejilla con un relato que pretende ser de humor, pero que en verdad es una historia triste… Un hombre joven recibió una llamada telefónica de su padre, que vivía en otra ciudad. Dijo el señor: “Te llamo para decirte que voy a divorciarme de tu mamá”. El hijo quedó estupefacto. “¿Cómo es posible, padre? ¡Tienen 50 años de casados!”. “Eso no importa –replicó el señor–. Me voy a divorciar”. El hijo se consternó: “¿Por qué vas a hacer eso?”. Contestó el padre: “El motivo es lo de menos. Voy a pedir el divorcio”. Preguntó el muchacho, afligido: “¿Ya lo pensaste bien?”. “Lo he pensado muy bien –respondió con firmeza el señor–. Mi decisión está tomada”. “Espera por favor, papá –rogó el hijo–. Voy a comunicarles esto a mi hermana y mis hermanos, e iremos a hablar con ustedes. No hagas nada hasta que lleguemos”. “Está bien –accedió el padre–. Los espero”. Colgó el teléfono el señor y le dijo a su esposa: “Parece que la idea funcionó. Van a venir todos. Pero ¿qué vamos a hacer para que vengan los siguientes años?”… FIN