Ilustración: Esmirna Barrera

“Los signos de la desesperanza están por todas partes. Mírese la expresión aburrida del promedio de las personas, o la falta de contacto entre las mismas… Obsérvese la incapacidad para dar seriamente solución al cada vez más crítico problema de envenenamiento del aire y el agua de las ciudades, o al del hambre en los países pobres… Pero no importa qué digamos o pensemos sobre la esperanza, nuestra ineptitud para obrar o hacer proyectos para la vida revela nuestra desesperanza”, estas palabras de Erick Fromm sacuden el alma, porque a pesar de que fueron en los años setentas, desgraciadamente, hoy se encuentran absolutamente vigentes y agravadas.

Si nos sinceraramos nos daríamos cuenta de que, ante las realidades negativas que suceden en México y en nuestras particulares comunidades, la mayoría de nosotros nos mostramos apáticos. Desesperanzados. En general, la incapacidad de construir el futuro basados en hacer el bien continúa siendo uno de los signos distintivos del ser humano “post moderno”. Ahora el cansancio de la sociedad, el hartazgo de las personas y el abundante desamor son el pan de todos los días. El espíritu humano, fuente de la esperanza y fortaleza, se encuentra enfermo… Agonizante.

PERMITIMOS

La ausencia de esperanza se manifiesta en impensables realidades: ante la desigualdad y la pobreza denigrante la mayoría continuamos cerrando los ojos y también los bolsillos. Permitimos que abunde el desorden y no el orden; consentimos que prevalezca la impuntualidad y no la puntualidad, que en nuestros ambientes cuaje la hostilidad y no la hospitalidad, que sea el agravio y no generosidad lo que prive en la cotidianeidad, que sea la ofensa y no el elogio lo que más expresamos, que la venganza y no el perdón prevalezca alimentando el corazón de las personas.

Y díganme si no: ante aquello que debería indignarnos y hacernos actuar en consecuencia, ahora la mayoría decimos: ¡bueno, es lo normal! ¡Si a mí no me perjudica, pues al diablo! En general nos hemos habituado a vivir encogiendo los hombros.

Nuestra civilización “recoge flores al borde del precipicio” por haber extraviado la ética del esfuerzo y ahora pisar el territorio de la tecnología deshumanizante, caracterizada por fragmentar, suprimir las emociones y “bytelizar” las relaciones humanas aun cuando, paradójicamente, “comunica” y “une” a las personas como nunca, mediante comunidades meramente artificiales y que desdeñan los sentimientos.

Nadamos en las aguas turbulentas de un progreso tecnológico profundamente irresponsable e inhumano.

COMO MUESTRA…

Continuando con Fromm: “el hombre –dice- de la sociedad industrial contemporánea ha sufrido un desarrollo intelectual que aún no alcanzamos a percibir sus límites. Pero, por desgracia, al mismo tiempo ha desarrollado una nueva ética, que podríamos denominar como la ética del progreso, entendiéndose por él básicamente el progreso económico, la lucha por mejores posiciones competitivas, el aumento de la producción y la creación de un sistema productivo cada vez más eficiente. De tal manera que todas las cualidades humanas que están al servicio del “Progreso” son virtuosas y todas aquellas que lo impiden son pecaminosas. El hecho es que valores como la compasión e inclusive el mismo amor humano no “ayudan” al “progreso”, sino, por el contrario, lo obstruyen…. En este paradigma de competencia y confrontación los valores no pueden ser virtudes, sino representan un inexplicable sentimentalismo y una rotunda estupidez”.

“La búsqueda del progreso como norma ética central -continúa Fromm- permite a algunas personas pensarse omnipotentes -como si fuesen dioses- y a la gran mayoría obrar sin remordimientos, cuando se conducen inhumanamente y con una absoluta falta de compasión”.

SOCIEDAD DESHUMANIZADA

Prosiguiendo con Fromm: “cualquier esperanza real de triunfar en la sociedad deshumanizada y edificar una comunidad basada en el amor humano requiere que empecemos cada uno a infundir vida a los valores de la tradición”.

Si queremos una comunidad orientada a conseguir un bienestar basado en la justicia y la solidaridad, es necesario recuperar la esperanza en el ser humano, mirar y acoger a los “descartados”, poner a la tecnología en su lugar, contar con una visión de un futuro compartido y  asumir, cada uno de nosotros, un compromiso: dejar de ser indiferentes, siendo individualmente testimonio de esos principios y valores que permiten humanizar la existencia personal y colectiva.

DENUNCIA

Todo esto lo he traído a colación, no como un lamento, sino como una denuncia de una realidad que representa un reto improrrogable de atender porque, en un descuido, de continuar así, seguirán surgiendo estados patológicos emanados de esa desesperanza que también relativiza todo cuando sucede, que invade todos los ámbitos (quizá por lo mismo, en el ámbito de la política,  permitimos la demagogia, el despilfarro, el engaño y la mentira) y que misteriosamente, como un falso remedio, encumbra el progreso material y tecnológico sobre el ser humano.

Esta patología colectiva nos puede hacer caer en un vertiginoso suicidio moral de dimensiones catastróficas.

EXISTEN ESPERANZAS

Claro que es posible rescatar la esperanza, porque las personas tenemos el ardiente deseo de evitar que nuestro porvenir se desvanezca en la ilusión que nos brinda el progreso por el progreso mismo, porque en lo hondo del alma sabemos que es el ser y no el tener lo que verdaderamente cuenta.

Esta fe personal no es ingenua, es racional, solo basta comprender la naturaleza misma del ser humano. Solo basta mirar el otro lado de la moneda: millones de personas que diariamente luchan bajo sus propias trincheras para que este mundo sea más humano, más justo y equitativo. Personas que demuestran que cuando existe un por qué y un para qué, se descubren los “cómos”. Seres humanos que fundamentan sus pensamientos y acciones en el amor.

La mayoría de las personas intuimos que lo que hoy hacemos, lo hacemos, para siempre. Es cierto: en el fondo sabemos que “somos seres finitos, pero también eternos”, consecuentemente comprendemos que restablecer la esperanza, el bien hacer, el abrazo humano y la alegría, personalmente nos conviene.

Decía la Madre Teresa: “todos hablamos de los pobres, pero nadie quiere hablar con ellos”, la esperanza también reside en la existencia de personas que no solamente hablan de los pobres, que no solamente hablan del medio ambiente, de la corrupción, de la injusticia y de la insensatez humana, sino que actúan en consecuencia.

UN ANTÍDOTO

Entonces, abrevemos de las palabras del Papa Francisco “No te rindas a la noche: recuerda que el primer enemigo por derrotar no está fuera de ti: está dentro. Por lo tanto, no concedas espacio a los pensamientos amargos, oscuros, ¿no? Este mundo es el primer milagro que Dios ha hecho, ha puesto en nuestras manos la gracia de nuevos prodigios. Fe y esperanza caminan juntos. Cree en la existencia de las verdades más altas y más bellas.

“(…) ¡Donde quiera que te encuentres, construye! ¡Si estas por los suelos, levántate! No permanezcas jamás caído, levántate, déjate ayudar para estar de pie. ¡Si estas sentado, ponte en camino! ¡Si el aburrimiento te paraliza, sácalo con las obras de bien! Si te sientes vacío o desmoralizado, pide que el Espíritu Santo pueda nuevamente llenar tu nada.

“(…) Y sobre todo, sueña. No tengas miedo de soñar. ¡Sueña! Sueña con un mundo que todavía no se ve, pero que es cierto que llegará. La esperanza nos lleva a la existencia de una creación que se extiende hasta su cumplimiento definitivo, cuando Dios será todo en todos. Los hombres capaces de imaginación han regalado al hombre descubrimientos científicos y tecnológicos. Han atravesado los océanos y han pisado tierras que nadie había pisado jamás. Los hombres que han cultivado esperanza son también aquellos que han vencido la esclavitud, y traído mejores condiciones de vida sobre esta tierra. Piensen en estos hombres”.

Existen personas que cotidianamente infunden vida a los valores de la tradición, que distinguen la sensibilidad de la indiferencia. Para el bien del mundo existen seres humanos cuyos ejemplos nos dicen: ¡Espera! Siempre espera.  

cgutierrez@itesm.mx 

Programa Emprendedor

Tec de Monterrey Campus Saltillo