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Bajo el cántico de ‘You’ll Never Walk Alone’, los de Anfield logran una épica remontada y están en la Final de la Champions

Barcelona ya no sabe lo que es calificar a la Final. Al cuadro blaugrana le volvieron a repetir la dosis, tal como en la edición pasada de la Champions League, y esta vez fue el Liverpool quien dejó fuera a los Ernesto Valverde en la Vuelta de las Semifinales.

Con un sorpresivo 4-0, los de Jürgen Klopp hicieron que Anfield se cayera abajo y, a pesar de las ausencias de Roberto Firmino y Mohamed Salah, los Reds pelearán por la “Orejona” en el Wanda Metropolitano.

Parecía que los culés habían liquidado la serie en casa. Con un contundente 3-0, los catalanes habían dado una demostración de gran futbol gracias a su astro argentino, Lionel Messi.

Pero en esta ocasión no se apareció “La Pulga”, no apareció Luis Suárez e, incluso, no apareció ni Philippe Coutinho, refuerzo de uno de los mejores equipos de los últimos años, que no ha demostrado la plusvalía de su fichaje.

Quienes sí aparecieron fueron Divock Origi y Georginio Wijnaldum. Aprovechando que Sadio Mané tampoco tuvo su mejor partido, junto con Trent Alexander-Arnold y con Xherdan Shaqiri como el jugador que movía los hilos en el equipo, dejaron plantados a Clément Lenglet y Gerard Piqué, pero sobre todo, a un desconcentrado Marc-André Ter Stegen.

Madrid vivirá una verdadera invasión red. Al final del juego lo único que sonaba en el estadio era el “You’ll Never Walk Alone” de más de 55 mil aficionados que se dieron cita en territorio inglés.

 

Sólo bastaron siete minutos para que el Barcelona comenzara a temblar y “tener malos recuerdos” de lo sucedido hace un año en el Olímpico de Roma.

Con el gol de Origi, tras un remate durísimo de Henderson lo sacó a duras penas Ter Stegen para que el delantero belga rematase a placer, lograse el 1-0 y conviertiera Anfield en una auténtica caldera a punto de reventar al unísono de los hinchas que se dieron cita en uno de los juegos más importantes de la Temporada para los de casa.

Arturo Vidal fue el hombre más importante del los culés. El chileno, que se ha convertido en un verdadero jefe desde que pisó Barcelona, trató de empujar a los suyos a buscar el empate, sudó, corrió, pero el esfuerzo fue en vano.

En un abrir y cerrar de ojos Wijnaldum metió dos goles. La primera anotación tras una diagonal matona de Arnold que ni Jordi Alba, quien jugó un duelo terrible no pudo detener y después el tiro del holandés que se le escurrió de las manos al guardameta alemán.

El segundo, un remate de cabeza sobre la figura de Piqué y Lenglet en donde el mediocampista de Países Bajos remató sin problema empatando el juego, poniendo a gritar a los suyos y a sólo un festejo de la remontada épica.

La cual, llegó, gracias de nueva cuenta al hombre que inició todo.

Viéndose al borde del abismo, destrozado y roto, Valverde solventó sacar del escenario a Coutinho, meter a Semedo y recomponer, intentarlo al menos, a un equipo que debía saber que le bastaba un gol para apagar el incendio.

Pero, tomando por sorpresa a toda la defensa del Barcelona, llegó un tiro de esquina del “66” de los Reds, un gol de Origi al 79’ y una celebración con sabor a Final de la Champions League.