Por más de 30 años el capitalismo mundial ha estado fundado en la noción de que la economía funciona incentivando a los de arriba para generar empleo, inversión y riqueza y eventualmente los resultados se permean, prácticamente por gravedad, hacia abajo para alcanzar a todos los ciudadanos con la idea de que todos vamos en el mismo tren y lo que es bueno para los de arriba (los más ricos) necesariamente será bueno para los de abajo (los más pobres). Este modelo (trickle down economics) ha sido criticado, con mayor o menor razón, con más o menos fundamentos por quienes están sistemáticamente en contra del capitalismo. Por muchos años esas críticas fueron fácilmente desestimadas y echadas abajo, sin embargo, en los últimos años han surgido señales que han generado un verdadero movimiento global que cuestiona la eficacia y la salud del capitalismo puro como sistema hegemónico mundial.

El capitalismo ha subsistido por décadas como la ideología económica más popular, no necesariamente por sus resultados palpables, sino por la falta de una alternativa viable y por la muy común falta de seriedad de quienes lo atacan con argumentos que no parecen más serios que lo que podemos leer en un slogan de una camiseta con la cara de algún revolucionario plasmada en el frente.

Para quienes hemos estudiado economía es cada vez más difícil “comprar” la idea de que el goteo, escurrimiento o trickle down funciona en automático y que no se necesita una mano (distinta a la invisible de Adam Smith), cuando vemos las señales que nos arrojan índices de acumulación relativa de la riqueza o repartición del ingreso. Movimientos sociales, protestas, cambios de régimen en distintos países no son más que evidencias adicionales de que algo no está funcionando cuando quienes más tienen sólo aumentan su riqueza en proporción a quienes menos tienen. La clase media no crece y no aspira a subir escalones, sino que se contrae. Esto no puede más que generar mayores tensiones sociales que amenazan la hegemonía del capitalismo si este no se ajusta para alcanzar a impactar positivamente a más personas. Ya hay reconocidos capitalistas señalando el riesgo de continuar en este camino. Personajes como Nick Hanauer o Ray Dalio sostienen que hay que cambiar el rumbo. Hanauer, por ejemplo, suena la alarma diciendo que de seguir las cosas como van, la siguiente revolución será una en la que los menos afortunados persigan a la plutocracia con trinches (pitchforks) en las manos. Este emprendedor americano se considera parte de la plutocracia (el poder en manos de los más ricos) y su mensaje es claro y directo a otros plutócratas como él, quienes han amasado fortunas similares o incluso mucho mayores que la de él.

Si a la plutocracia que tradicionalmente ha existido en México, generalmente formada por unos cuantos que obtuvieron su fortuna a través de un monopolio, concesión de gobierno u oligopolio, le agregamos la descarada y exagerada corrupción que ha saqueado las arcas federales, estatales, municipales y de empresas paraestatales por las últimas décadas y en especial desde el año 2000, deberíamos no sorprendernos de que una mayoría de votantes decidiera entregar el poder no necesariamente a los más honestos, capaces o preparados, sino a quienes parecían distintos. Y no debe sorprendernos que ese gobierno distinto (el de la 4T en manos de AMLO) busque otra fórmula. Es aquí donde vemos que la 4T está buscando reemplazar la técnica del goteo (de arriba para abajo) por una de escupitajos (de abajo para arriba). Difícil saber si los escupitajos de recursos serán efectivos en cerrar brechas y mejorar las probabilidades de éxito para los que menos tienen. Preocupa más el riesgo de que esos programas no sean sostenibles si se abandona por completo la otra parte de la ecuación donde debe haber alguien generando esos recursos para poder seguir escupiendo hacia arriba. La solución seguramente está entre el goteo y el escupitajo, pero no es claro que los tiempos de polarización por sistema permitan tomar medidas sensibles y moderadas para encontrar lo bueno de cada alternativa.

@josedenigris

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