A fines de 1873, un grupo disidente de diputados coahuilenses encabezados por el doctor Ismael Salas instaló el Congreso en Monclova y desconoció a Victoriano Cepeda como gobernador del estado, provocando la confusión y el desorden en la entidad. El presidente Sebastián Lerdo de Tejada comisionó entonces al general Carlos Fuero para pacificar a Coahuila. Fuero era originario de la Ciudad de México y desde muy joven abrazó la carrera de las armas, por la que sentía una profunda devoción. Fue un militar liberal y juarista muy respetado. Llegó a Saltillo el 9 de diciembre de 1873 con una fuerza de mil hombres, y el 31 de ese mismo mes se hizo cargo del Gobierno del estado. Cinco meses después, en junio de 1874, le entregó el gobierno a Antonio García Carrillo. En la memoria de su gestión administrativa, Fuero hace hincapié en las dificultades económicas del erario estatal. Cuando le entregó el gobierno a García Carrillo, éste le nombró secretario de Gobierno. En 1874 fundó el Casino Militar, que después fue Casino de la Unión, luego Casino García Carrillo y finalmente tomó el nombre de Casino de Saltillo. Fuero gobernó Durango en 1876 y Chihuahua en 1884.

Desde antes de la Intervención Francesa, en 1864, Coahuila venía arrastrando problemas económicos muy graves. El efímero gobierno de Fuero no pudo remediarlos pero, ya pacificadas las pugnas políticas, la entidad pudo alcanzar la calma y tomar el camino adecuado para solucionar los problemas. El Ateneo Fuente, por ejemplo, fundado apenas siete años antes del gobierno de Fuero, tuvo entonces una etapa deplorable debido a la escasez de fondos y pudo salvarla con el apoyo desinteresado de los directivos y maestros de ese tiempo que sacrificaron su sueldo, muchos de ellos completo, en favor de la supervivencia del plantel, una actitud que no debiera olvidarse porque al final fue uno de los actos que contribuyeron a la solución de la problemática económica y evitó la supresión de la noble institución, fundada para educar a la juventud de Coahuila.

El historiador, militar y revolucionario Vito Alessio Robles escribió en una columna periodística titulada “Gajos de Historia”, publicada en diversos diarios del País, una anécdota del general Fuero, que en forma de mensaje se ventila en las redes sociales como ejemplo del honor militar: el general conservador Severo del Castillo fue condenado a ser pasado por las armas por servir al Imperio de Maximiliano. La víspera de su ejecución fue puesto en capilla en el cuartel ocupado por las fuerzas del entonces coronel Fuero, quien había sido subordinado suyo y le profesaba grandísima estimación. A las nueve de la noche, don Severo pidió hablar con Fuero y le solicitó un capellán y un notario para arreglar sus asuntos terrenales y celestiales, a lo que el coronel le propuso que saliera del cuartel y se presentara al toque de Diana, mientras él mismo se quedaba en su lugar. Así lo hicieron. Transcurridas tres horas, el general Sóstenes Rocha llegó hasta donde Fuero dormía y le preguntó por el general Castillo y, al informarle que le había dado permiso para salir toda la noche, siguieron las fuertes reclamaciones de Rocha. Fuero le contestó: “Déjame dormir. El general Castillo es un hombre de honor. Estoy segurísimo de que se presentará. Si no lo hace, me fusilan a mí y cuento concluido”.

A la llamada de banda de corneta para el toque de Diana, el general Castillo se presentó en la puerta del cuartel, cumpliendo fielmente su palabra empeñada a Carlos Fuero. Llegado el asunto a oídos de Juárez, le condonó la sentencia de muerte y Castillo fue enviado a prisión. Eran hombres que apostaban su palabra igual en la guerra que en la paz, porque tenían conciencia, dignidad y decoro. Igual que los maestros que le apostaron al Ateneo Fuente.