Foto: Alessandro Grassani/The New York Times / Una librería de Milán, el lunes 4 de mayo de 2020.
El problema con el relajamiento de las restricciones es que los funcionarios no tendrán una señal confiable de las consecuencias durante al menos dos semanas, el periodo de incubación del virus

Jason Horowitz

Emma Bubola colaboró con este reportaje desde Milán; Elisabetta Povoledo, desde Roma; Monika Pronczuk, desde Bruselas; Aurelien Breeden, desde París; Melissa Eddy, desde Berlín; Niki Kitsantoni, desde Atenas; Joanna Berendt, desde Varsovia, Polonia; Raphael Minder, desde Barcelona, España, y Ruth Maclean, desde Dakar, Senegal.

ROMA — Con unas antiparras de Plexiglas, un cubrebocas blanco y guantes de hule azules, Catia Gabrielli parecía estar lista para enfrentar cualquier cosa que se le atravesara el lunes, cuando Italia relajó tentativamente algunas de sus disposiciones de confinamiento más estrictas para enfrentar el coronavirus.  

“Veo mucho más movimiento”, dijo Gabrielli, propietaria de una librería en el centro histórico de Roma, preocupada porque las personas a su alrededor se paseaban sin cubrebocas. “Hay mucha gente”. 

Esa misma reserva, combinada con esperanza, se manifestó en Europa y en otros países el lunes, cuando al menos una docena de países —incluyendo Alemania, España, Grecia, Bélgica, Lituania, Nigeria y Líbano— empezaron a atenuar las restricciones que estuvieron en vigor durante semanas y cuyo objetivo era contener la propagación de los contagios.  

No obstante, en muchos lugares, la tan anhelada disminución de las restricciones parecía en gran parte un experimento en tiempo real para determinar cómo vivir con el virus. Y aunque el relajamiento fue diferente de un país a otro, muchos dirigentes aclararon que, si de pronto los ciudadanos se volvían muy imprudentes, podrían volver a cerrar todo.  

En la mayoría de los países, no autorizaron a todas las tiendas ni a todas las industrias a retomar sus actividades. La reactivación de las escuelas fue selectiva, y se llevó a cabo en aulas rediseñadas, o se pospuso hasta el otoño. Las reglas de distanciamiento social seguían aplicándose. Casi siempre se requería que usaran cubrebocas. La mayoría de los bares, las cafeterías y los restaurantes permanecieron cerrados.  

Las autoridades italianas advirtieron que tal vez cualquier relajamiento de las restricciones fuera de corta duración si los ciudadanos no respetaban las medidas de distanciamiento social. Además, si los contagios volvían a aumentar y desbordaban el sistema de salud, que apenas estaba recuperándose, volverían a confinar a la sociedad.  

“Tomaremos cartas en el asunto y volveremos a cerrar”, ha dicho el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, al advertirles a los italianos sobre el riesgo de subir la curva de los contagios que el país había trabajado tanto para eliminar. En Italia, el virus ha cobrado más de 28.000 vidas. 

El problema con el relajamiento de las restricciones es que los funcionarios no tendrán una señal confiable de las consecuencias durante al menos dos semanas, el periodo de incubación del virus. Así que sigue estando latente el riesgo de que, en ese lapso, el virus aumente sigilosamente y desate otro brote de contagios, tan malo o peor que el primero. 

Los expertos en salud pública, aunque reconocen la necesidad de encontrar un equilibrio entre salvar vidas y los medios de subsistencia, desde hace tiempo han advertido que abrir las tiendas y dejar salir a la gente de su casa podría resultar más difícil y peligroso que confinarla. 

Aun así, India autorizó que se reactivaran las empresas y el transporte local y se retomaran actividades como las bodas en zonas de pocos contagios o donde no los hay. En Líbano se volvieron a abrir los bares y los restaurantes. 

Nigeria relajó el confinamiento en su capital, Abuya, y en su ciudad más grande, Lagos, donde se abrieron mercados, tiendas, centros comerciales y empresas constructoras.  

En Alemania, donde, según el Instituto Robert Koch, ha habido 163.100 contagios y 6692 fallecimientos, los zoológicos, museos, salones de belleza y peluquerías abrieron el lunes por primera vez desde mediados de marzo. 

El domingo, se congregaron para celebrar la misa en la catedral de Colonia 122 fieles previamente examinados, con cubrebocas y sentados en bancas separadas. Otras iglesias reanudarán sus servicios con las mismas restricciones en esta semana. 

Algunos parques infantiles abrieron el fin de semana. 

“Es un gran alivio”, comentó Katherin Bravo, quien subía a su hija de casi dos años en una resbaladilla de Berlín. “No es posible explicarles a los niños pequeños por qué no pueden jugar aquí. Caminábamos por aquí todos los días y me decía ‘resbaladilla, resbaladilla’, pero teníamos que pasar de largo”. 

En España, donde más de 25.000 personas han muerto, los pequeños comercios reabrieron el lunes.

El gobierno espera llevar al país a una “nueva normalidad” a finales de junio, y permitir que algunas zonas de menos contagios y menor saturación hospitalaria abran antes que las zonas con más contagios. 

Cristina Cros, propietaria de un pequeño salón de belleza en Barcelona, dijo que estaba contenta de regresar a trabajar después de siete semanas de confinamiento, pero que también pensaba que las nuevas reglas eran “bastante complicadas”. 

Por ejemplo, las clientas deben guardar una distancia de al menos dos metros mientras estén en el salón. La estilista debe limpiar a fondo el local después de que sale cada clienta y trapear el suelo dos o tres veces al día, explicó Cros.

“Hasta ahora, me la paso el mismo tiempo limpiando que cortando el cabello”, dijo Cross, quien usaba cubrebocas y guantes, al igual que su clienta.

El lunes, tras 42 días de confinamiento, los griegos pudieron salir de su casa sin dar ninguna justificación, y reabrieron los salones de belleza, las librerías, las tiendas de ropa y otros pequeños comercios. Las autoridades del transporte acordonaron cada dos asientos en los autobuses y los vagones del metro. 

Pero, pese a que en este país ha habido pocos contagios, cerca de 2626 casos y alrededor de 150 fallecimientos, se esperaba que los restaurantes y los bares siguieran cerrados hasta junio.

Sin embargo, también en Grecia la reactivación fue seguida de advertencias del gobierno. “Si vemos que el virus sigue en descenso, deberemos ser doblemente cuidadosos”, señaló el primer ministro Kyriakos Mitsotakis.  

Polonia, que inició su cuarentena el 14 de marzo, reabrió sus hoteles, los centros comerciales y las áreas deportivas, así como algunos museos y galerías de arte.

También podrían abrir esta semana los jardines de niños y las guarderías, aunque probablemente se retrasen las reaperturas debido a los nuevos lineamientos sanitarios estrictos y los espacios de aislamiento para casos sospechosos.

Estonia y Lituania empezaron a levantar las restricciones, al igual que Bélgica, donde se reactivó la construcción y se permitió que retomaran sus actividades las empresas de los sectores no esenciales (incluyendo las tiendas que distribuyen telas). 

El lunes, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo un llamado a la “serenidad” y al “pragmatismo” mientras el país se prepara para levantar poco a poco las restricciones de confinamiento a partir del 11 de mayo, pero advirtió que “no es un regreso a la normalidad, sino una nueva etapa”. 

“Es necesario vivir con el virus”, señaló Macron, y argumentó que el confinamiento no podría seguir para siempre porque provocaría un enorme daño económico y social. Sin embargo, afirmó que “hay que tener mucho cuidado”.

c.2020 The New York Times Company