Hay encuestas que aseguran que Saltillo es la mejor ciudad para vivir, otros sondeos nos indican que esta ciudad es la mejor para trabajar y otros dicen que Saltillo es la mejor ciudad para invertir; asimismo, hay cronistas cuyo perenne amor por Saltillo los mueve a calificarlo como la Atenas de México, la Arcadia feliz y “Casi el paraíso”, incluyendo, por supuesto, a sus clásicos “tubos”, a sus “nobles sin título”, a tantos “ricos sin haber” y a muchos de sus habitantes que, siendo parientes, “ni siquiera se pueden ver”.

Y no podemos contradecir lo anterior, pues nos arriesgamos a las terribles pedorretas de Catón o a que doña Esperanza Dávila, cronista honoraria de Saltillo, nos retire el saludo. Por eso avalamos todas las encuestas y coincidimos en que Saltillo está en condiciones de acceder a las altas calificaciones citadas mientras –y aquí está el pero– no lleguen los aguaceros de mayo porque, eso sí, cuando las aguas se desbordan y arrasan casas, bardas, pavimentos, vehículos y gente; entonces sí que amanecemos como en “¡Buenos días, Saigón!” después de un bombardeo o como en una Calcuta sin drenajesy sin una madre Teresa que nos auxilie.

Y ni modo de culpar a nuestro alcalde Isidro López Villarreal de todos los estropicios que nos dejan las lluvias, pues esta ciudad tiene un mal incurable que seguirán padeciendo las generaciones futuras y que son las aguas pluviales que bajan de sur a norte buscando el cauce natural de los arroyos taponeados y que será muy difícil volver a recuperar.

Por eso mismo no es posible imaginar que alguna vez tendremos una red de arroyos bien canalizados para el desfogue de las aguas de tormenta, porque la red de desagüe natural de Saltillo ya no existe; ha desaparecido por descuido, irresponsabilidad oficial y por las grandes ambiciones inmobiliarias existentes en esta urbe de adobe.

En París existe el drenaje pluvial desde el siglo antepasado, hoy está conformado por miles de kilómetros de túneles subterráneos, obra reconocida como una maravilla de la ingeniería civil y que cuenta con un “Museo de cloacas”, donde se puede apreciar la magnitud del sistema. La ciudad de Los Ángeles cuenta con miles de kilómetros de arroyos canalizados de concreto, ciudad en el desierto donde dice una canción que nunca llueve pero es admirable la previsión. Dirán que es ridícula la comparación pero algo nos debe inspirar la grandeza de sus obras.

Y mire usted que tiene razón don Chilo cuando dice que los problemas pluviales de Saltillo tienen que ser resueltos por los tres niveles de gobierno, empezando por la Federación que tiene que recuperar y liberar el cause de los arroyos; el Estado con la aportación de recursos para limpieza y canalización; y don Chilo a moverle con la “Imparable” para reparar las calles afectadas.

Y a propósito de la “Imparable”: de veras que admiramos a nuestro Alcalde por no tenerle miedo a las palabras, porque el apodo de tal máquina puede ser aprovechado por sus adversarios políticos para tratar de descalificarlo rumbo a gubernatura donde, seguramente, don Chilo aparecerá en las boletas. Nadie rechaza a un hombre bueno y sin exceso de malicia.