La COVID-19 sigue siendo una amenaza mortal no solo para las personas que están en las últimas décadas de su vida, sino también para casi cualquiera, sin importar cuán joven y saludable sea. (Gracia Lam/The New York Times)
A pesar de las cifras de la pandemia, mucha gente o evita cualquier vacuna o no acude a ponerse la segunda dosis; pero la COVID-19 sigue siendo una amenaza mortal

Jane E. Brody

Hay demasiados estadounidenses que no parecen darse cuenta de la facilidad con la que se propaga el nuevo coronavirus y cuán terrible puede ser la COVID-19. Esta situación está provocando que demasiada gente a) evite cualquier vacuna, b) no se ponga la segunda dosis si la primera fue de Pfizer o Moderna o c) suponga que la vacuna que se puso ahora le permite reunirse con otras personas, con toda libertad y de la manera que quiera sin tomar precauciones de salud pública.

La COVID sigue siendo una amenaza mortal no solo para las personas como yo, que estamos en las últimas décadas de nuestras vidas, sino también para casi cualquiera, sin importar cuán joven y saludable sea. Como la mujer embarazada de 37 años en Illinois que fue puesta en soporte vital después de que su bebé nació por una cesárea de emergencia. O el hombre de 26 años en Maryland que fue hospitalizado con oxígeno durante cinco días y ahora le cuenta a todo el mundo “lo grave que estuvo y lo aterrador que es”. Aunque las infecciones, las hospitalizaciones y las muertes han bajado en comparación con los espantosos picos de 2020, todavía nos falta mucho para lograr la inmunidad de rebaño, si es que alguna vez la alcanzaremos.

Un 61 por ciento de las personas vive en condados donde el riesgo de infección en la actualidad es muy alto o extremadamente alto y, cuando alguien contrae el coronavirus, puede aparecer una mutación que derive en una variante más peligrosa.

Después de meses de incertidumbre relacionada con la seguridad y efectividad de cualquiera de las vacunas que surgieron de la Operación Máxima Velocidad, los resultados finales y tranquilizadores de las pruebas a finales del año pasado con las vacunas fueron casi inimaginables. Los miembros del comité de asesoría para las vacunas que respaldó la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos para el uso de emergencia de las vacunas son expertos con integridad y criterio independiente. Si el gobierno hubiera retrasado la distribución de la vacuna hasta tener la licencia completa, es probable que tanto la población como la economía habrían sufrido una devastación irreparable.

Contuve el aliento hasta que me tocó ser inmunizada el invierno pasado y luego hasta que fueran elegibles esta primavera mis dos hijos, dos nueras y cuatro nietos. Todos estaremos completamente vacunados a final de mes, cuando nos reunamos por primera vez en casi dos años para celebrar mi cumpleaños número 80. Y todos seguiremos usando mascarillas y guardaremos la distancia apropiada cuando estemos en exteriores en entornos cerrados o en interiores en lugares públicos con gente que no conozcamos.

En la recomendación que emitieron los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), se menciona que la gente que esté completamente vacunada puede reunirse en interiores con otras personas que estén completamente vacunadas sin usar cubrebocas o guardar distancia física, y pueden viajar al interior del país sin hacerse pruebas ni autoaislarse. En la actualidad, también pueden “reunirse o realizar actividades al exterior sin usar una mascarilla, salvo en ciertos entornos o lugares llenos de gente”, como conciertos en vivo, desfiles o eventos deportivos.

Sin embargo, la agencia le advirtió a la gente no vacunada que corre más riesgo —y debería seguir usando cubrebocas— cuando va a ver una película a un lugar cerrado, come dentro de un restaurante o bar, participa en clases de ejercicio de alta intensidad en interiores o canta en un coro en un espacio cerrado. Rochelle Walensky, la directora de los CDC, señaló que en interiores el riesgo de transmisión del virus aumenta casi 20 veces.

E incluso para la gente vacunada comentó que, “hasta que no haya más personas vacunadas y sigamos con más de 50 mil casos al día, usar mascarillas en interiores brindará una protección adicional”.

Hay buenas razones para mantener las precauciones. Más de la mitad de la población, incluidos los niños, todavía no está inmunizada. No se sabe si la gente inmunizada puede contraer el virus y no tener síntomas, para luego propagarlo sin querer a otras personas que son vulnerables. No todo el mundo que quiere vacunarse puede hacerlo por razones logísticas o de salud, y las vacunas tal vez no protejan por completo a las personas con deficiencias inmunitarias.

Además, aunque las vacunas autorizadas produjeran una respuesta inmunitaria más fuerte que la infección natural, todavía no sabemos cuánto durará su protección. El Excelsior Pass que obtuve en el estado de Nueva York da fe de mi estatus de vacunación, pero expira a mediados de agosto, seis meses después de mi segunda dosis, cuando tal vez necesitaré un refuerzo para mantener mi inmunidad.

Hablando de eso, nadie debería dejar de ponerse esa segunda dosis de las vacunas de Pfizer o Moderna. Aunque es probable que no sea crítica una demora de unas pocas semanas para obtenerla, la respuesta inmunitaria después de una dosis es relativamente débil y podría volver vulnerable a la gente, en especial frente a las variantes más virulentas que están circulando ahora.

Dos dosis brindan un 90 por ciento de efectividad para prevenir una infección y se espera que esa protección dure mucho más tiempo. Te deben dar una cita para la segundad dosis cuando te inscribes a la primera dosis o cuando la recibes.

Algunas personas dudan si deben ponerse la segunda dosis porque escucharon que los efectos secundarios pueden ser desagradables. No obstante, sin importar cuán desagradables sean, los efectos secundarios de la vacuna son breves y no están ni cerca de ser tan graves ni persistentes como la enfermedad de la que te protege. Después de la recuperación incluso de un caso leve de COVID-19, puede quedar una huella inquietante, como desorientación y fatiga crónica.

Y, claro está, el virus también puede matar, incluso a personas relativamente jóvenes y libres de riesgos subyacentes de salud. En Estados Unidos, con base en más de 32 millones de casos confirmados, el índice de mortalidad de la COVID-19 es de un 1,8 por ciento. Para el 3 de mayo, se habían administrado más de 245 millones de dosis de las vacunas contra la COVID, y una revisión federal de los eventos adversos reveló que nadie había muerto a causa de la vacuna.

Casi a todo el mundo le duele el brazo un tiempo debido a la vacuna, pero en el peor de los casos la gente puede tener síntomas de gripa que duran uno o dos días. Si tienes la opción, considera planear un día de descanso después de la segunda dosis en caso de que necesites tomarte las cosas con calma. La mitad de mi familia no tuvo ninguna reacción más que el esperado dolor de brazo. Una de mis nueras tuvo una fiebre de 49 grados y uno de mis hijos sufrió un cansancio inusual, pero al día siguiente yo estaba como el conejo de Energizer e hizo el doble de lo que suele hacer. ¡Quién lo diría! c.2021 The New York Times Company