Muchos pensarían que Andrés Manuel López Obrador es el principio y fin de nuestra tragedia nacional. Pero se equivocan. Nuestra tragedia profunda radica en nuestra incapacidad para generar contrapesos al creciente poder autoritario de Andrés Manuel.

¿Cuáles son las reacciones más generalizadas del ciudadano no simpatizante con López Obrador? Negación: “las cosas están difíciles pero no pueden estar peor”. Evasión: “¿Prefieres ver la nueva temporada de La Casa de las Flores” en Netflix o mirar el futbol”? Miedo: “¿Escuchaste ‘la mañanera’ de este orate? Cada día estamos más cerca de Venezuela”.

En los tres casos, la angustia y la incertidumbre gobiernan las mentes y los corazones de estos mexicanos cada día.

Sin embargo, la pregunta es ¿Por qué optan por paralizarse y no ser proactivos? ¿Por qué no exigen a los partidos políticos la madurez suficiente para salir al paso? ¿Por qué no se suman a los esfuerzos de Coparmex en ese sentido? ¿Por qué no platican con otros ciudadanos para reflexionar sobre sus puntos de vista respecto al país y diseñar iniciativas para actuar?

No lo hacen, porque nuestra consciencia ciudadana está en pañales. Inicia en 2000 con el arribo de Vicente Fox a la Presidencia. Tiene apenas 19 años de edad. Y arrastra todavía pesadas cadenas de un adoctrinamiento autoritario -no ciudadano- de corte priista de 1929 a 2000. Durante 71 años no existió una participación ciudadana real; excepto, intermitentes brotes de rebelión radicalizada que fueron aplastados, sin misericordia por los gobiernos priistas.

Bajo esa “dictadura perfecta”, casi tres generaciones de mexicanos fueron educadas bajo tres criterios políticos: el gobierno es paternalista: el decide por nosotros. Si hablas y te rebelas: te desaparece o asesina. No te inmiscuyas en política porque es sucia: pudre tu alma.

Durante 71 años, nuestros abuelos, padres, y muchos de nosotros, fuimos educados en la dependencia, el temor y el rechazo a la política.

¿Cómo, desde esas generaciones, puede surgir una participación ciudadana proactiva?

¿Cómo hacerlo cuando el Estado y los partidos políticos monopolizaron el ejercicio de la política y forjaron la dependencia (y apatía) ciudadana? Imposible olvidar como pervirtieron las candidaturas ciudadanas independientes, por ejemplo. O cómo bloquearon las leyes de participación ciudadana a nivel estatal. El INE también es culpable por omisión: nunca aterrizó ningún programa de educación cívico-ciudadana a nivel nacional, aunque su mandato institucional lo obliga.

En un cálculo grueso, el 33.1% o 44 millones de la población nacional esta integrada por personas nacidas de 1979 hacia atrás: de 40 años en adelante. Esa gente creció bajo el Régimen priista y fue educada en la dependencia, el temor y el rechazo a la política. ¿Qué tipo de participación ciudadana, podemos esperar de ellos? Claro, con las pocas excepciones de hombres y mujeres esculpidos en ideologías progresistas de los años 60’s y 70’s. Y que, a pesar de todo y contra todo, insisten todavía en edificar otra sociedad posible.

Luego, está el 41% de la población nacida en el rango de 15 a 39 años; 54 millones de mexicanos, hijos de la revolución digital y tecnológica y, por tanto, de las redes sociales. Ellos no viven de los tabús ideológicos de sus antecesores; son pragmáticos e individualistas. Explotan sus filias y fobias políticas a través internet y han ensanchado las definiciones de democracia, libertad de expresión y lucha electoral. Empero, con sus excepciones, como en el caso del sismo de 2017, la liga entre redes sociales y participación ciudadana sostenida en el tiempo es poco conocida. Hoy, las redes, mayormente, son caja de resonancia y reflejo de la polarización política del país. Nada más.

Las preguntas, entonces, son: Desde una perspectiva ciudadana, ¿qué hacer ante un poder cada vez más concentrado en la persona de AMLO y una crisis de partidos políticos incapaces de ser oposición? ¿Buscar a un iluminado qué nos salve?

O hacernos de nuevo las preguntas básicas para reinventar la participación ciudadana y unificar las experiencias de los dos segmentos generacionales descritos arriba. Porque nadie vendrá a salvarnos. Excepto nosotros; ya que la tragedia nacional no es AMLO, sino nuestra incapacidad colectiva y generacional para ejercer un contrapeso real a su poder creciente.

No queda de otra. Manos a la obra.

@Canekvin